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Toca disfrutarlo, por Fernando Llombet

Por @fllombet

Aún continuamos con el buen sabor de boca que dejó el triunfo del Iberostar Tenerife el pasado miércoles, que le clasifica para disputar la final four de la Champions. Otra gesta impensable para añadir a tantas como está sumando el equipo tinerfeño a lo largo de la presente temporada.

 

Hubo que esperar al final del partido para poderlo disfrutar ya que el encuentro se vivó con mucha tensión. Era tanto lo que había en juego que el reto consistía en comprobar qué capacidad tenía nuestra plantilla para soportar tanta presión. Era una final. De esas que juegan los grandes equipos. Y el nuestro demostró que esta temporada merece que se le considere como tal.

 

Fueron cuarenta minutos de mucho desgaste físico, con muchas pérdidas de balón por ambos equipos y con un miedo a no anotar directamente proporcional al paso de esos minutos.

 

Con esa fotografía, parecía que el plus al vencedor se lo daría la defensa o el dominio de los tableros para evitar posesiones extras del rival. En los rechaces, el equilibrio se mantuvo hasta el final; el Iberostar terminó capturando algunos más que los franceses, pero éstos se hicieron fuertes en el tablero contrario durante algunas fases del choque. Ante esta igualdad, el trabajo defensivo tenía que ser la clave… ¡y vaya si lo fue!

 

Colectivamente el ejercicio de humildad, sacrificio y conceptos defensivos empleados por los de Vidorreta también fue similar al de su rival. Pero si algo marcó la diferencia, sin ningún género de dudas, fue la actuación defensiva de un jugador: Rodrigo San Miguel.

 

El base aurinegro dio todo un clinic en campo defensivo anulando al referente ofensivo del Asvel. Hodge anotó los diez primeros puntos al comienzo del choque y solo cinco más en el resto del partido.

 

Para mayor mérito de Rodrigo, su criterio ofensivo se notó en los casi treinta minutos que estuvo en pista. Cuando estuvo en el banquillo el equipo jugó algo más atascado y con menos ritmo en la circulación del balón. Fue clave en el triunfo.

 

Las últimas puestas en escena del equipo parecen ofrecer un juego menos fluido en ataque con el añadido de falta de acierto. Hace posesiones más largas y no corre tanto el contraataque como al comienzo de temporada. Le cuesta más ganar. Y seguirá siendo mayor a medida que pasen las semanas y los rivales necesiten colocarse en situación de afrontar con mayores garantías las eliminatorias por el título.

 

Lejos de sentir preocupación, la lectura debe hacerse desde la objetividad de saber el potencial real de una plantilla que está compitiendo por encima de lo que debe exigírsele. En estos dos últimos meses que le quedan de temporada, toca ser felices, llegar hasta casi donde la inercia les lleve.

Por delante mucha ilusión: playoff y final four. ¡Toca disfrutarlo! No dejen de ser felices. La ocasión lo merece.