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[Contracrónica] Justicia

Redacción Deporpress | Los dioses del fútbol, esos detalles intangibles que normalmente acaban determinando un partido, se alinearon en el epílogo del partido para que el CD Tenerife no perdiese su condición de invicto en el último tercio de la Liga frente al Getafe.

Porque caer en el Coliseo Alfonso Pérez de la manera que lo hacían los blanquiazules, en el minuto 85, era una infamia. Un atentado contra el equipo que más méritos había contraído para llevarse algo del partido. Areces Franco, con uno de los arbitrajes más desafortunados que se recuerdan, decretó como penalti una caída de Jorge Molina horas después de que Iñaki hubiese dejado de forcejear con él dentro del área. La pena máxima ya castigaba al equipo que más había propuesto.

Pero no contento con esta tropelía, el colegiado asturiano inventó una nueva norma al borde del descanso. Germán se iba hacia la portería de Alberto conduciendo un contragolpe y fue derribado por Lacen, que tenía una amarilla desde el minuto 17. Decretó la falta, como no podía ser de otra manera, pero dejó sin amonestar al jugador del Getafe. Porque, sencillamente, a él le dio la gana de no hacerlo. A los pocos minutos de empezar la segunda mitad, en el 53, Jorge Sáenz si vio tarjeta por hacer lo mismo a un jugador local. Extraño criterio, sin duda, el utilizado por algunos árbitros a la hora de medir dos acciones idénticas. Debe ser que el reglamento es reversible según para quién.

Su miopía, proporcional a la de Eiriz Mata una semana antes en el Heliodoro cuando tampoco vio un clarísimo derribo a Amath N’Diaye en el área del Mirandés, se volvió ceguera absoluta a la hora de dejar sin castigo una agresión cobarde y vil de Álvaro sobre Iñaki, al que golpeó en la nuca sin el balón de por medio. En su pérdida de los sentidos más elementales para un ser humano, Areces Franco también se quedó sordo cuando le tocó consultar con sus asistentes sobre esta acción.

El Tenerife, que por momentos había dado un auténtico baño de fútbol al Getafe, se encontró por esas cosas que tiene el fútbol por debajo del marcador. Una acción a balón parado en la que, como sucedió en la última salida ante el Mallorca, los blanquiazules defienden mal el primer palo y permiten la prolongación al segundo premió, durante algunos minutos, el ya habitual fútbol-contact que practican los equipos que dirige Bordalás.

Antes de que eso sucediese, los isleños habían desperdiciado innumerables ocasiones y contragolpes, algunos incluso en superioridad ante la defensa local, para cerrar el partido a su favor con suficiencia. Pero, en el fútbol, a veces hay premio para el que propone. Para el que quiere hacer cosas con la pelota. Para el que juega fuera de casa como si lo hiciese en el Heliodoro. Para el que cree en sus opciones y no baja nunca los brazos.

Martí dio entrada a Cristo González y el de Añaza se disfrazó, con una semana de retraso, de súper héroe. Definió con clase y magisterio un córner al segundo palo con el defensa encima. Se inventó un recurso de lujo y, con un toque muy preciso, se sacó la espina de la falta de acierto que exhibió ante el Mirandés para hacer el empate. Y, sobre todo, para marcar un tanto de esos que gritas con el alma para que se escuchen hasta en Teno. Porque sirven para hacer pura justicia.