Después de masticar y digerir que el Levante tendría que perder seis partidos de golpe para perder el liderato (nos saca 17 puntos), y resultando que eso no va a pasar salvo catástrofe, el objetivo primordial del Tenerife se divide en dos partes: la primera asegurarse un puesto en el play off de ascenso y por último y si hay fuerzas, tiempo y opciones, pelearle al Girona el segundo puesto (que está a una distancia de diez puntos).
Para este viaje no es necesario rezar. Los blanquiazules han encontrado su punto G particular y meten el miedo en el cuerpo a cualquiera. En especial «La doble A» de este equipo que son Amath y Aarón. Dos misiles tierra-aire a los que parar es toda una osadía para sus rivales. Sin embargo hay una línea que habrá que tener entre algodones todos los días hasta finales de junio: los delanteros. De los cinco primeros clasificados, el Tenerife es quien peor bagaje goleador posee. Por contra sus números de goles en contra son sobresalientes. Por ahí no está la vía de fuga.
Lozano debe recuperarse pronto y aportar todo lo que tiene cuanto antes. Y sobre todo Cristo González con el que llevamos a vueltas con su renovación y, de momento, no es que sea una prioridad absoluta dado que lo que ha aportado este año no es excelente. Menos debemos permitir que sus representantes (como han hecho con otros), jueguen a la gallinita ciega. No. Al futbolista hay que pagarle lo que se merezca, acorde a lo que ha rendido. Y los números son: dos goles en 1000 minutos. Los mismos que Jouini en 447 minutos. ¿Quién ha sido más resolutivo para nuestros intereses entonces? El tunecino. No es dogma. Es la estadística.
Y por último, a la espera de que Gaku por fin pueda sentarse en el banquillo, es importante que entre cuanto antes. Para eso ya no está el problema de la adaptación que la ha superado, sino que cuente con la complicidad necesaria con el resto de compañeros sobre el campo. Ya no que se entienden con el idioma, por lo menos conseguir un grado de compenetración alto para que pueda jugar a lo mismo.
Si consiguiéramos contar con todos los soldados posibles en el ataque, el último tramo de liga se vería reforzado por la increíble marea de aficionados que están llenando el estadio. Lo de este viernes fue una lección de compromiso. Que crecerá cada semana porque, como dijo una vez Martí y sus compañeros, este equipo promete. Solo basta tener un poco de fe para que, juntos, podamos vivirlo.