Redacción Deporpress | El CD Tenerife da un golpe sobre la mesa en toda regla con su triunfo en Mallorca (1-4). No solo porque obtiene su tercer triunfo del curso a domicilio sino porque, además, lo hace estando en la zona de playoff y remontando un resultado adverso al descanso, tanto en el marcador como en las sensaciones.
Martí, ese técnico al que el Tenerife otorgó la posibilidad de dirigir desde un banquillo en el fútbol profesional, es capaz ya de cambiar el signo de un encuentro con sus decisiones. Y lo ha logrado en su casa. Ante su gente. Por lo que la alegría, para él y los suyos, seguro que es doble. Si Raúl Cámara fue el héroe la semana pasada con su gol, ahora es el entrenador el que, con dos cambios al descanso, corrige la hemorragia que estaba creando el Mallorca en la banda derecha blanquiazul. Y el que, luego, impulsa a su equipo hacia su novena jornada consecutiva sin perder juntando, simultáneamente, a tres jugones como Tyronne, Aarón y Amath.
El algodón no engaña. Y los números dicen que este Tenerife solo ha perdido una vez, ante el Levante, en las últimas 16 jornadas. El mérito, indudablemente, es de los futbolistas. Pero también de José Luis Martí, al que muchos negaron el pan y la sal hasta que los resultados, allá por la última semana de octubre, comenzaron a darle la razón. Hacer un poco de memoria no viene mal de vez en cuando y, cuando la pelotita deje de entrar, también habría que agradecer al entrenador balear la inmensa racha que está firmando. Y, sobre todo, el haber devuelto la alegría a una afición huérfana de vivir cosas grandes en las últimas temporadas.
Otra de sus virtudes ha sido tener un entorno pacificado. Si ha habido problemas en el vestuario no han trascendido. Ha sabido lavar los trapos sucios en casa y su experiencia previa como jugador del Tenerife le ha servido para no fracasar en la isla donde otros, con más nombre y pedigrí, lo hicieron a las primeras de cambio. De igual manera, hay que aplaudir el criterio de Miguel Concepción para mantenerlo en su puesto cuando, hace apenas cuatro meses, llegaron a su despacho las voces de siempre con la cantinela del cese en el banquillo.
Alfonso Serrano es también otro de los artífices del éxito de este Tenerife. Apostó por Amath N’Diaye, un jugador que ahora es una de las revelaciones de Segunda, pero que llegó a la isla tras haber jugado más veces de suplente que de titular con el filial del Atlético en la Tercera División madrileña. Y el último día del mercado de verano se trajo a Aarón Ñíguez, que estaba sin equipo tras haber pasado una etapa complicada como jugador en el Braga luso. El tridente lo completa el grancanario Tyronne del Pino, un jugador de una técnica excelsa que, además, tiene la enorme y complicada virtud de mejorar casi todo lo que pasa por sus botas.
Ellos tres son, ahora mismo, la calidad que desnivela los partidos. Son la dinamita necesaria para sacar las décimas de segundo que le faltaban a un monoplaza que ya venía con un notable chasis de serie con jugadores como Dani Hernández, Carlos Ruiz, Vitolo, Raúl Cámara, Aitor Sanz, Suso o el Choco Lozano. Germán y Jorge se han sumado a esa ecuación aportando la seguridad defensiva necesaria y, entre todos, nos han regalado un verdadero Carnaval de ilusión.