Por @josefelipem
Sí, hubo un partido de fútbol que acabó con el resultado de 149-0. Y no era un encuentro entre equipos aficionados. El 31 de octubre de 2002, en Toamasina, Madagascar, se vivió uno de los encuentros más surrealistas de la historia del fútbol pero, curiosamente, no existe demasiada información al respecto.
Hasta ese día, el encuentro oficial con una diferencia de goles mayor era el que enfrentó al Arbroath FC con el Bon Accord FC, ambos conjuntos escoceses, que acabó con 36-0 para los locales. Casi 120 años después de iba a batir ese registró y sí, ocurrió algo extraño para que aquello pudiera suceder. Para entenderlo, hay que ir hasta el 29 de octubre de 2002, cuando el DSA Antananarivo recibía en su estadio al SO l’Emyrne. Ambos conjuntos se jugaban una plaza en la gran final en aquella penúltima jornada de la liga malgache. Todo iba bien para el SO l’Emyrne, gran candidato al título final y vigente campeón, pero cuando ganaba por 1-2 el colegiado de aquel partido decidió señalar un penalti a favor de los locales. El balón entró, poniendo el 2-2 en el marcador y dejando a los visitantes sin opciones de entrar en la gran final.
Todo lo ocurrido beneficiaba al AD Adema, equipo que recibiría al SO l’Emyrne en la última fecha del campeonato. Benjamina Razafintsalama, árbitro del DSA Antananarivo- SO l’Emyrne era el encargado de dirigir el encuentro, algo que puso la mosca detrás de la oreja del equipo que ya lo había sufrido solo 48 horas antes. Ratsarazaka señaló una falta al inicio del encuentro que sacó de quicio a Ratsimandresy Ratsarazaka, entrenador del SO l’Emyrne que, ni corto ni perezoso, pidió que su capitán se acercara a su zona técnica. El preparador le dijo a Mamisoa Razafindrakoto que comenzaran a meterse goles en su propia portería como modo de protesta. El capitán se lo dijo a Dominique Rakotonandrasana, su portero y manos a la obra.
Hasta en 149 ocasiones los jugadores visitantes introdujeron el esférico en su propia meta. En la primera todo el mundo quedó sorprendido, pensando que la protesta quedaría ahí, pero, una y otra vez, los jugadores del SO l’Emyrne se anotaban tantos hasta que el público comenzó a protestar. Los aficionados decidieron que querían que les devolvieran su dinero, dirigiéndose al palco y la zona de taquillas mientras los visitantes seguían con su cometido: autogolearse. El marcador, 149-0, quedó para la historia porque el colegiado tampoco encontró razones para suspender el encuentro.
¿Qué pasó después?
Obviamente, aquello supuso un escándalo en Madagascar. Los jugadores Mamisoa Razafindrakoto, Dominique Rakotonandrasana, Nakata y Rakoto Kely fueron sancionados por la Federación Malgache de Fútbol (FMF) con un año de suspensión, mientras que el entrenador tuvo un castigo de tres años. El asunto no acabaría ahí, porque un tiempo más tarde sería el Ministerio de Deportes de Madagascar el que decidiera intervenir, destituyendo a todos los directivos de la Federación por una oscura trama de favores arbitrales. ¿Tuvo razón? Sea como fuere, aquel resultado pasó a la historia de este deporte.