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Pequeño

Por @rondoscutillas

Empieza el 2017 con el CD Tenerife colocado en una posición ilusionante. El playoff está a tiro de piedra tras 19 jornadas y, por vez primera en los dos últimos años, los blanquiazules no inician enero a una distancia casi insalvable de la pelea por las plazas que todo el mundo quiere vivir.

Los números sitúan al Tenerife de Martí como el quinto mejor equipo de Segunda del año natural que acabamos de clausurar tras sumar 59 de 129 puntos posibles. Solo Numancia, también con 59 puntos; Huesca (62), Zaragoza (64) y Girona (80) hicieron mejor las cosas. Solo es un dato estadístico, pero también significa que las cosas están cambiando, por fin, y que este equipo se acerca cada vez más a lo que necesita la entidad por potencial deportivo, historia en la categoría y respaldo social.

Esta tendencia alcista contrasta con la realidad del mercado de invierno, en el que Martí ya ha dicho que prefiere esperar por los jugadores que realmente quieren traer antes que fichar ya. La sensatez del mensaje está fuera de toda duda, por mucho que los aficionados nos desesperemos al ver que ninguna de las gestiones iniciadas hasta ahora, al menos las que han trascendido públicamente, cristalizan de manera positiva.

Personalmente me alegro de que Asdrúbal no sea uno de los refuerzos del Tenerife en este mercado invernal. Se la jugó al club el año pasado rompiendo un acuerdo verbal y la camiseta blanquiazul no debe ser barata de vestir para aquellos que la desprecian, ya sea porque consideran que tienen otras opciones mejores; porque el proyecto no termina de seducirles al estar a 2.000 kilómetros de donde viven sus familias o porque, sencillamente, consideran que el Heliodoro ya no es un lugar donde progresar adecuadamente.

El que piense eso o venga solo porque la oferta económica es irrechazable, mejor que se quede donde está. Este club necesita jugadores implicados. Que vengan a dar todo lo que tienen dentro y cuyo nivel de compromiso sea igual o mayor que el de los que ahora ocupan el vestuario blanquiazul. La historia, con nombres de talento como Iván Ania o Julio Álvarez que vinieron porque aquí iban a cobrar lo que no habían ganado nunca, nos recuerda que el dinero no debe ser el único argumento para persuadir a alguien de que juegue en el Tenerife.

Y, en esa tesitura, encontramos que el Tenerife, por desgracia, ya no tiene el resplandor de un equipo que pelea por cosas importantes. Sus dos últimas temporadas, en las que acabó 17º y 13º, no lo sitúan en una buena posición para convencer a los futbolistas que quieren enrolarse en un proyecto ganador de que el Heliodoro es el mejor lugar para hacerlo. El Alcorcón, por poner solo un ejemplo, es capaz de ofrecer mejores sueldos que el Tenerife y acabó 11º y 7º los dos últimos cursos. Y, como los madrileños, hay algunos otros clubes de la misma categoría que, en igualdad de condiciones monetarias, seducen más a los futbolistas por los que ahora suspira media Segunda.

El antídoto para combatir ese mal es sencillo. El Tenerife debe seguir compitiendo y mostrar mucha más ambición que en las últimas temporadas en todos sus estamentos. Se está en el camino para recuperar el terreno y el potencial deportivo perdidos en los últimos años. Pero solo ganando partidos como el de este domingo ante el Nástic, este equipo demostrará que quiere dejar de ser pequeño.