Cambios, eso fue lo primero que me vino a la mente en cuanto descubrí quién iba a ser el nuevo director de orquesta de un equipo como el Iberostar Tenerife. No voy a mentir, no era plato de gusto ver como Txus Vidorreta iba a intentar salvar la situación de una plantilla que se hundía en la liga Endesa con un balance 0-5 y un derbi canario a la vista.
Pero ya no sólo lejos del perfil del entrenador que venía, sino tanto por el ambiente que sobrevolaba a la entidad, cómo por el shock que produjo la dimisión de una institución en el cuerpo técnico de una persona tan importante como Alejandro Martínez. Corazón y cerebro del equipo durante más de 12 años y personalmente el gran artífice de que el Iberostar Tenerife llegara a la mejor liga del mundo tras la NBA.
El equipo jugaba de una forma determinada y cada uno sabía su rol pese a que el verano anterior se habían realizado quizás, demasiados fichajes, pero había algo que no conectaba y estaba produciendo una situación más que peligrosa. Por ello, la decisión de traer a un hombre como Txus no me entraba en mis planes de salvar el barco, pero si Alejandro Martínez lo había escogido, sería por algo, así que había que ponerse una venda en los ojos y saltar al vacío.
Ya que estamos de confesiones, he de admitir que desde la primera rueda de prensa de Vidorreta, supe por que había sido él y no otro entrenador el que había llegado a este gran club. Cómo buen vasco, no se amedrentó ante un reto gigantesco habida cuenta de cómo estaba tanto la plantilla como el equipo y más que un “coach”, se puso el disfraz de psicólogo y en un chasquido de dedos, todo había cambiado.
La medicina llegó antes del derbi, el Iberostar Tenerife sufrió, se dejó la piel sobre la cancha y la afición, como siempre en estas ocasiones, fue el sexto hombre convirtiendo un día más al Santiago Martín en una caldera a presión.
A partir de ese momento la nave aurinegra despegó de golpe, tardó cinco partidos, cuando la gente comenzaba a quedarse en tierra viendo como las metas de pretemporada estaban demasiado lejos, pero ahí estuvo Txus, peleando contra todo lo que aparecía en su camino, las lesiones, el agarrotamiento mental del equipo cuando jugaba en casa, las de cal y de arena en los partidos, el sufrimiento, incluso hasta los desertores…A todo tuvo que sobreponerse el técnico vasco para dejar al Iberostar Tenerife a final de año con unos registros históricos, superando su mejor balance en una temporada para los aurinegros y calmando unas aguas que parecían no querer apaciguarse.
“Venga, ya está, lo que sucedió la temporada pasada ha acabado, ahora viene lo bueno con Txus confeccionando una plantilla a su gusto”. Este pensamiento en bucle día tras día el verano pasado, más por necesidad de creérmelo que por otra cosa, pero por primera vez desde que había llegado el vasco, todo parecía ser estable.
Y como todo no puede ser sencillo, o así parece ser, llegaron los fichajes, algunos inimaginables por mi cabeza y se dio confianza y protagonismo a gente que no la había tenido anteriormente. El Iberostar Tenerife 16/17 andaba a rodar para cumplir un desafío y cómo no, la ilusión por las nubes.
Pretemporada de pruebas, ajustes y acoples. Ni una sola victoria pero la sensación de que se estaba formando un equipo que podía dar muchísimo que hablar si todo se colocaba como debía y así fue. Txus Vidorreta siguió el sistema de Alejandro Martínez y le dio un nuevo giro de tuerca aplicando un “run & gun” que se vio ya hace bastantes años por Phoenix.
Cuatros abiertos, correr, correr y correr. Jugar los partidos a ver quién era el que metía más puntos en cuarenta minutos de guerra y locura sobre la pista, con un Davin White merecedor de un contrato vitalicio, con Aaron Doornekamp dando una seguridad desde el 6´75 casi adictiva y con una defensa comandada por San Miguel, Vázquez o Giorgios Bogris, sin problemas para ponerse el mono de trabajo y hacer tareas que no se ven pero que son casi más imprescindibles que la propia acción de anotar puntos.
El Pick&Roll como pilar en el ataque, con juego continuo de entrar y doblar, castigando el lado débil gracias a la evolución en el juego de un jugador que se ha convertido para mí, en el mejor alero español de la liga Endesa, Javier Beirán.
Todo este cóctel explosivo ha logrado que el equipo insular haya dado el do de pecho asignándose el primer puesto de la clasificación doméstica y europea con mérito y sin importarle el rendimiento de los gigantes como Real Madrid, Valencia, Barcelona o Baskonia.
Y gracias a Txus Vidorreta, uno de los tres mejores entrenadores españoles de la actualidad, mágico desde el plano táctico, conocedor de todos los pequeños detalles del juego, rival siempre incómodo para todos los técnicos que se enfrentan a él, sabe lo que vas a hacer y a lo que vas a hacer, incluso antes de que tú mismo te des cuenta. Y no lo dice un servidor, sino que lo reflejan sus estadísticas: En sus cincuenta partidos como entrenador tinerfeño, lleva un balance de 32 victorias y sólo 18 derrotas, un escalofriante 64% de victorias…Asombroso.
Debido a ello, todo mi eterno agradecimiento a su figura, ha conseguido salvar un barco que se hundía y convertirlo en el actual cuarto mejor equipo de la liga Endesa, clasificado para la Copa del Rey matemáticamente, líder de la Champions League y luchando un año más con la plaga de lesiones en jugadores casi vitales para el sistema Vidorreta. Gracias por haber hecho que el pabellón registre casi el lleno partido a partido, que podamos mirar al resto de equipos a la cara y sin miedo a nada ni nadie, y finalmente, gracias por hacer a una afición que siempre se merecerá llevarse alegrías como las que estamos viviendo.