Por @josefelipem
La escena es, seguro, de las más célebres que han podido verse en la historia de los Mundiales de fútbol y de las que más carcajadas ha despertado. Durante el Brasil- Zaire (actual República Popular del Congo) del Mundial 74, cuando un jugador carioca se disponía a sacar una falta y ya con el resultado de 2-0, un futbolista del combinado africano, al oir el silbato del colegiado que daba orden para llevar a cabo el lanzamiento desde fuera del área, sale disparado en dirección al balón, despejándolo, ante la mirada atónita de jugadores, público y del rumano Nicolae Rainea, colegiado del partido. ¿Los africanos no se sabían las reglas? ¿Cómo lograron su clasificación? La imagen es propia de un programa de humor, durante décadas se ha hablado de la ignoracia zaireña, pero la realidad de aquel 22 de junio de 1974 es otra. Y mucho más triste.
Mwepu Ilunga fue el defensa zaireño que salió disparado de la barrera cuando escucho el pitido arbitral. Aquella clasificación mundialista había supuesto un hito histórico en su país, a pesar de que la misma había estado rodeada de acusaciones de amaño. Tal es así que Marruecos, tras caer por 3-0 en la ida siendo esos tres tantos logrados de manera ilegal, decidió no presentarse a la vuelta de la eliminatoria africana que daba derecho a acudir a Alemania 74. En el sorteo de grupos los zaireños no tuvieron demasiada suerte. Brasil, Yugoslavia y Escocia serían sus rivales.
El primer encuentro, ante los escoceses, acabó con derrota (2-0) para los africanos, algo asumible teniendo en cuenta el nivel competitivo, y la tradición futbolística, de ambos equipos. El segundo, ante Yugoslavia, fue mucho peor: 9-0 para los balcánicos. Aquella no fue la peor derrota registrada en una cita mundialista, pero cuando en tu país manda un dictador como Mobuto Sese Seko todo cambia.
Mobuto Sese Seko fue, apoyado por la CIA, el militar que depuso a Patrice Lumunba, presidente zaireño que, en la década de los 50, se apoyó en la URSS para acabar con las intenciones secesionistas de algunas étnias de su país. Mobutu, definido como el «estereotipo de dictador africano».Antes llamado Congo, Mobutu denominó al país Zaire, y a él mismo se puso el nombre de Mobutu Sese Seko Nkuku Wa Za Banga (El guerrero todopoderoso que, debido a su resistencia y voluntad inflexible, va a ir de conquista en conquista, dejando el fuego a su paso). Tras expulsar a los extranjeros de su país, Estados Unidos y Francia, con intereses económicos, apoyaron al dictador, que habló de nacionalizar la mayor parte de las empresas pero lo que hizo en la práctica fue enriquecerse.
Con él en el poder, Zaire llegó al Mundial obligado a dar buena imagen y, tras lo ocurrido con Yugoslavia, algo aún más importante: necesitaban salvar su vida. «Nos dijeron que podíamos perder la vida, que nos matarían. Todo el dinero de la federación era para Mobutu», desvelaría años más tarde Ilunga, que explicó los motivos de su reacción: «Él dijo que, si nos metían otra vez una goleada, lo mejor era no volver al país. Teníamos miedo por nuestras familias, nuestras mujeres, nuestros hijos…». Mobutu ya había mostrado su enfado públicamente al perder con Escocia, por lo que su reacción frente a los yugoslavos es de esperar. Además, antes de viajar a Alemania les había prometido una fortuna que los retiraría del fútbol, por lo que el dictador había pasado de la euforia al enfado en un corto espacio de tiempo. Cuentan que la derrota ante Escocia provocó que Mobutu no pagara una cantidad que los jugadores tenían estipulada, eso originó que los futbolistas se dejaran perder de manera clara ante los balcánicos. Esa teoría, además, viene apoyada porque el seleccionador zaireño era Blagoje Vidinic,yugoslavo, y el mismo cambió al portero en medio de ese encuentro, recibiendo el suplente algunos tantos realmente llamativos.
Todo ello explica que en minuto 79 del Brasil-Zaire, al ver a Rivelino, todo un especialista en el lanzamiento de faltas, nuestro protagonista decidiera, seguramente atenazado por el miedo, salir a despejar la pelota. Cualquier cosa era válida para no llegar al 3-0, lo que se consideraba goleada, un resultado que, al final se dio, pero que fue dado por buenos por los africanos, a los que aquel les parecía un resultado digno. Ilunga, que vio tarjeta amarilla por aquella acción, también mostraría su sorpresa: «Lo hice para que me sacaran roja, para irme del partido, estábamos enfadados porque nos habían quitado nuestro dinero y porque nos habían amenazado». Aquellos no eran africanos ignorantes, aunque esa versión, burlona, sea la más extendida.
¿Qué pasó después?
La posterior República Democrática del Congo, como se llamó el país a partir de 1997, nunca volvió a clasificarse para un Mundial (al menos hasta la fecha). Mobutu tuvo que huir de su país debido, curiosamente, a una sangrienta guerra en un país vecino. El dictador apoyó a los hutus, en el conflicto que estos mantuvieron con los tutsis en Ruanda. Estos pasaron a la acción y, junto a grupos armados locales, lograron tomar Kinshasa, la capital. Mobutu escapó del país, falleciendo en Marruecos, en 1997, por un cáncer de próstata. Mwepu Ilunga desarrolló toda su carrera futbolísitica en su país, falleciendo allí el año pasado.
La ficha:
Zaire: Mwamba, Ilunga, Nel Mukombo, Tshimen, Boba, Mafu, Wa Munda, Mamuwene, Mantantu, Maku y Kalala N’Tumba.
Brasil: Leão, Nelinho, Luis Pereira, Marinho Peres, Marinho Chagas, Wilson Piazza (Mirandinha, min 55), Paulo Césa, Rivelino, Leivinha (Valdomiro, min 80), Jairzinho y Edu Américo.
Goles: 1-0, min 12: Jairzinho. 2-0, min 21: Rivaleino. 3-0, min 84: Valdomiro.
Árbitro: Nicolae Rainea. Mostró amarillas a Ilunga y Mirandinha
Incidencias: Parkstadion, de Gelsenkirchen, ante 35.000 espectadores.
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