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Renacer

Por @rondoscutillas

El CD Tenerife logró ganar. Venció al Rayo Vallecano (3-2). Clausuró la mala racha en la que acumulaba nada menos que seis jornadas consecutivas sin conseguir la victoria. Y, por fin, encontró la manera de detener la zozobra de resultados con la que vivía desde hacía mes y medio. Ahora, el nuevo objetivo debe ser enderezar el rumbo y evitar nuevas turbulencias.

El ansiado triunfo dejó también un saldo negativo en forma de lesiones. Lozano se reencontró con el gol dos meses después, pero no volverá a jugar hasta mitad de diciembre. Una rotura de fibras alejará al hondureño del césped y otro problema muscular, aunque de menor gravedad, dejará también a Aarón Ñíguez en el dique seco durante los tres próximos partidos.

El reto de suplir esas bajas deja múltiples posibilidades para las hipótesis. De entrada, se convierte en otra gran oportunidad para Cristo González. El canterano ya jugó en Elche como ‘nueve’ de referencia y también puede acoplarse a la posición de enganche ocupada por Aarón en las últimas citas. La pregunta es con qué Cristo nos encontraremos. ¿Aparecerá el que deslizó esta semana que se está pensando ampliar su contrato porque aquí no tiene el protagonismo que quiere? ¿O el futbolista que ha evidenciado, aún solo a cuentagotas, que sabe cómo hacer cosas distintas a cualquier otro de esta plantilla?

Insiste Martí en que el Tenerife sigue encajando con demasiada facilidad e incluso en los entrenamientos de esta semana ha visibilizado en el concepto de que su equipo permanezca menos descosido. Hace bien el técnico en tratar de reducir la distancia entre sus líneas porque el Girona es un rival con jugadores de mucha movilidad y desequilibrio. Borja García o Portu, por el que los blanquiazules llegaron a preguntar incluso este verano tras el descenso del Albacete, van a generar muchos problemas a la zaga blanquiazul. Así que el conflicto que supone buscar sustitutos a los lesionados Lozano y Aarón podría desembocar también en un regreso al trivote para intentar cohesionar la medular prescindiendo del enganche y fiándolo todo a la rapidez de Amath N’Diaye y Suso en los balones al espacio.

El plan de intentar jugar más ‘recogidos’ y al contragolpe no es malo siempre que no vayas por debajo en el marcador. Supone saber manejar la velocidad del partido. Y eso implica no caer en precipitaciones. Tratar de conducir menos para no cometer errores con el balón en zonas comprometidas y, sobre todo, saber escoger el momento para acelerar y salir al galope a través de los extremos. Sobre todo porque este Tenerife ha dejado la sensación de manejarse con frenesí cuando se empecina en ser vertical a través de alocadas acciones individuales.

Jugar como quiere Martí supone también dar la bienvenida a la solidaridad entre todas las líneas. Todos defienden y todos atacan. Para puntuar en Girona es imprescindible mantener la concentración durante los 90 minutos y desterrar la modorra que, en ocasiones, narcotiza al Tenerife cuando juega fuera de la isla. Es básico que cada jugador se deje al alma en cada balón dividido y en cada esprint. Así llegó el tanto del Choco ante el Rayo, tras una recuperación de Camille en el área ajena. Y así, con un uso más racional de la velocidad y poniendo pausa en los metros finales, definió Amath los dos pases de Aitor Sanz, uno iniciado con un voleón en un saque de banda desde campo propio y otro con un balón filtrado entre líneas. Si el Tenerife es capaz de adaptarse a lo que le pida cada partido como un camaleón tendrá muchas líneas escritas en esta primera página de lo que puede suponer su renacer.