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Resistentes contra nazis

Por @josefelipem

Hay muchas rivalidades entre selecciones, siempre vinculadas a momentos de la historia, que luego encontraron su reflejo en el mundo del fútbol. Posiblemente, de las más encarnizadas y llamativas es la que protagonizan Alemania y los Países Bajos, a los que llamaremos Holanda al ser la forma más popular de denominación. Un auténtico odio que para ser entendido debe de ser tratado desde la perspectiva de la Segunda Guerra Mundial y que debemos abordar en varias entregas.

Primero, la historia. El 10 de mayo de 1940 la Alemania nazi invadía los Países Bajos. Aquella batalla formaba parte de la invasión de Francia, pero los nazis se encontraron con muy poca oposición desde un primer momento. El hecho de que el Partido Nacionalsocialista Holandés fuera el segundo en cuento a número de miembros solo superado por el alemán facilitó mucho las cosas, más aún al encontrarse con un alto número de colaboracionistas en aquel país. Realmente, el conflicto provocó pocas bajas, unos 7.500 holandeses, pero el terrible bombardeo de Róterdam por parte de la aviación alemana aceleró los acontecimientos.

La ocupación alemana trajo consigo la muerte de 250.000 neerlandeses, la persecución de un gran número de judíos en aquel país que sufrió en todos los ámbitos de su vida. También en el fútbol. El Ajax de Ámsterdam ya era el equipo de los judíos, pero cuando llegaron los nazis algunos integrantes de aquel equipo denunciaron a sus propios compañeros de vestuario. Otros, como el Sparta de Rotterdam fueron más allá, retirando a los socios judíos de su club tal condición además de colgar carteles en su estadio con el lema “Prohibido a los judíos”.

Solo 29 años después del final de la Segunda Guerra Mundial, un 7 de julio de 1974, Alemania Occidental y Holanda iban a verse las caras en el estadio Olímpico de Múnich, en el partido final del torneo de aquel año, con un trasfondo claro, los recuerdos de la Segunda Guerra Mundial, que estaban latentes, pero que nadie hasta el momento se atrevía a reconocer en voz alta.

Fue allí donde se dio a conocer la Naranja Mecánica, el combinado holandés, debido al fútbol total, otro término que nació a raíz de aquel equipo, que desarrollaba. Johan Cruyff, que jugaba ya en el FC Barcelona, había sido el mejor jugador del torneo y gracias a sus actuaciones Holanda había superado a Suecia, Bulgaria, Paraguay, Brasil, Argentina y la República Democrática Alemana debido a que en este Mundial el sistema era con dos grupos de cuatro equipos y no con eliminatorias directas. Alemania Federal, por su parte, se midió con la República Democrática de Alemania (en un duelo para la historia) Chile, Australia, Polonia, Suecia y Yugoslavia.

Con todo, ambos países jugarían la gran final y fue en la previa cuando Van Hanegem, extraordinario centrocampista holandés, dejó una frase para la historia: “Les odio, ellos mataron a mi hermana, a dos de mis hermano y a mi padre”. Aquello causó conmoción en Alemania, que había recibido con gran sorpresa la organización del Mundial debido a que todos pensaban que, como castigo por el nazismo, Alemania no organizaría un evento FIFA hasta después del año 2.000.

Con todo ese odio en el ambiente, unos y otros se presentaron ante 75.200 espectadores que vieron como los holandeses, a los dos minutos de juego, se ponían por delante en el marcador gracias a un gol de Johan Neeskens. Curiosamente, sería un futbolista declaradamente comunista, Paul Breitner, el que empataría el encuentro en el minuto 25 al transformar un penalti. Torpedo Müller, en el 43, pondría el 2-1. El marcador no se volvería a mover, Alemania iba a ganar su Mundial, el segundo de su historia, ante una desconsolada Holanda.

La rabia contenida podría verse en las caras de los jugadores naranjas, incapaces de doblegar la defensa alemana, rocosa y dura en todo momento. Si Holanda quería venganza iba a tener que esperar a un encuentro con muchas más connotaciones políticas, más manifestaciones de sus protagonistas y con uno de los mejores goles de la historia del fútbol. Pero eso será la próxima semana.

¿Qué pasó después?

Ambos equipos se volverían a ver en duelos marcados por el simbolismo histórico, aunque dos de esas citas posteriores se llevan la palma. Los partidos entre Alemania y Holanda, y de los equipos alemanes contra conjuntos holandeses, siguen siendo de alto riesgo y hay pocos hermanamientos entre aficiones de clubes de uno y otro país. A pesar de que equipos de Holanda cuentan con seguidores radicales abiertamente de extrema derecha, nacionalistas o nazis, como podrían ser sectores del Feyenoord, lo cierto es que cada vez que ambos equipos nacionales se ven las caras o existen cruces de equipos de estos países los holandeses llaman nazis a los alemanes, que responden, más antes que ahora, haciendo el saludo romano o denominando hippies a sus oponentes.

La ficha:

Alemania Federal: Maier, Vogts, Schwarzenbeck, Beckenbauer, Breitner, Overath, Müller, Grabowski, Hoeness, Bonhof, Hoelzenbein.

Holanda: Jongbloed, Krol, Rijsbergen (De Jong, min 68), Suurbier, Haan, Jansen, Neeskens, Cruyff, Rensenbrink (Van De Kerkhof, min 46), Rep, Van Hanegem.

Goles. 0-1, min 2: Neeskens. 1-1, min 25: Breitner. 2-1, min 43 Müller.

Árbitro: John Taylor (Inglaterra). Amonestó a Van Hanegem, Neeskens, Cruyff y Vogts.

Incidencias: Estadio Olímpico de Múnich, ante 75.200 espectadores.

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