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La increíble historia de Winston Coe

Por @josefelipem

Nada le ilusionaba más a Winston Coe que jugar a fútbol. Hijo del almirante Coe – famoso en Argentina por su amistad con el militar Guillermo Brown-, había emigrado desde Irlanda a Argentina en busca de un futuro mejor, dejando atrás una Isla Esmeralda azotada por las hambrunas y repleta de pobreza y fue a parar, a principios del siglo XX, aun país sudamericano en el que el fútbol por aquel entonces era amateur.

Coe fundó un club, el Atlético Barracas, del que formaba parte de su directiva y que representaba a buena parte de la clase pudiente británica que vivía en Buenos Aires. El día que su portero titular, apellidado Laforia, firmó por otro equipo, el Alumni, se encontraron con un gran inconveniente porque no tuvieron tiempo material para tener un nuevo guardameta. La solución que encontraron fue que todos los jugadores de campo rotaran partido tras partido asumiendo el rol de portero. Pero, conforme se acercaba el momento de la verdad, un ataque de pánico de buena parte de sus jugadores provocó que el único hombre dispuesto a ponerse debajo de los palos fuera Winston Coe. “Si quieren les doy una mano, dos, ya saben que no puedo”, les dijo a sus compañeros. Porque había un detalle sumamente importante: Winston Coe era manco.

Así, el irlandés fue portero en el encuentro que su equipo perdió ante Estudiantes de Buenos Aires el 11 de agosto de 1906, aunque solo lo hizo por 2-1 con una gran actuación de nuestro protagonista. En aquel duelo entre aficionados al fútbol y aristócratas ingleses, el irlandés, que sí que había demostrado con anterioridad su habilidad para ser delantero, llamó la atención de todos. La prensa destacó su partido, reconociendo la gran dificultad de desarrollar esta labor faltándole un brazo, algo que lo animó a seguir queriendo ser el portero de su equipo, olvidando buscar otro sustituto. En concreto, el diario La Prensa firmó en su crónica: “Muchísimos shots atajó el manco Coe, por lo cual se hizo célebre, pues no es poca virtud desempeñar este puesto en que precisamente se hace uso de las manos, cuando no se posee una. Su modo de parar la pelota, la seguridad y la confianza con la que procede son dignas de elogio”.

Pero la cosa se empezó a torcer. El Reformer le metió 11 goles y, solo una fecha más tarde, el Alumni le endosó otros cinco tantos. Curiosamente, Coe fue el jugador más destacado de su equipo en ambos compromisos, especialmente en el primero, en el que su equipo solo pudo actuar con siete jugadores de campo, salvando “otros tantos goles” como enunciaría el mismo rotativo. Pero, de repente, desapareció, o al menos su historia se perdió en el tiempo. Diversas asociaciones de fútbol argentino han querido situar su nombre en los anales de este deporte pero, a pesar de haber sido un ejemplo de superación, Winston Coe, el portero que paraba solo con un brazo, cayó en el olvido.

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