Por @rondoscutillas
El Tenerife transita por un desierto goleador como local que lo aleja de lo que todos queremos. Y me alegra que esta columna no salga los domingos. Si la hubiese escrito a la conclusión del partido frente al Getafe, habría tenido un tono menos amable. Salí del Heliodoro desesperado por la ausencia de ocasiones generadas por el grupo que entrena Martí. Y preguntándome cómo era posible que nadie, ni siquiera jugando con dos delanteros desde el inicio, encontrase la manera de tirar sobre la portería madrileña. Pero hoy ya es miércoles y el termómetro de mi paciencia y fe blanquiazul está otra vez en los niveles habituales.
Ni la supresión del trivote, un lastre para muchos a la hora de generar fútbol y restar presencia numérica en ataque, ni los cambios en la alineación sirvieron de demasiado. Incluso las sustituciones empeoraron aún más un panorama que ya rozaba el imposible tras la expulsión de Jouini, en la enésima decisión rigurosa contra el Tenerife por parte del colectivo arbitral.
En la pizarra de tareas inmediatas a solucionar por parte del técnico está la de darle, con urgencia, más fútbol al equipo. Es la manera más sencilla de que lleguen las ocasiones. Y los goles que faltan. Especialmente en casa. La apuesta inicial con Aarón Ñíguez solo funcionó mientras el ilicitano condujo el balón. Luego, cuando levantó la cabeza, apenas encontró cómplices con los que asociarse. Suso y poco más.
No fue culpa suya. Lozano y Jouini se maniataron. No se ofrecieron a tirar una pared, ni hicieron movimientos disuasorios para abrir líneas cuando no tenían la pelota. Con ese panorama, al que lleva el balón solo le queda empezar. Mejor eso que perderla en terreno prohibido cuando el rival inicia la presión. Se abre la primera página del deficiente manual de posesión del Tenerife y el esférico regresa al mediocentro, al defensa o incluso al portero. Sin alternativas, la oferta para superar el orden del Getafe fue lenta y previsible. Tan torpe como escalar una pared resbaladiza sin destreza ni ningún punto de apoyo.
Los cambios tampoco variaron el rumbo. Poner a Omar de carrilero es condenarlo. No es su sitio y se le nota. Y Amath es presa fácil para cualquiera si juega de espaldas. Este Tenerife solo hace daño en los saques de esquina o cuando, tanto el jugador cedido por el Atlético como Suso, reciben balones al espacio y tienen opciones de desbordar a base de velocidad. Lo demás, hasta ahora, es facilitarle la tarea al rival y no causarle ni el más mínimo sobresalto.
Pero no todo fue malo. Este equipo también tiene virtudes. No es fácil salir ileso tras jugar con uno menos ante un rival que casi te triplica en presupuesto. Ni tampoco lo es no encajar en los últimos cinco partidos de Liga, con la excepción de la visita al Mirandés. La igualdad de esta Segunda, en la que todos se quitan puntos unos a otros semana tras semana, tiene al Tenerife a apenas 3 puntos del playoff pese a haber marcado únicamente dos goles en la isla.
Aún no es tarde. Todo se empina cuando hay que sumar de tres en tres. Pero hay que hacerlo ya. Aunque el calendario inmediato sugiera partidos complejos. Comenzando por la visita de este sábado a un recién ascendido como el Reus que, pese a perder su condición de invicto el último fin de semana, está quinto y es la revelación de este inicio de curso. Luego vendrá el Cádiz, la salida a Oviedo y se concluye octubre recibiendo al Rayo. Un auténtico desafío para demostrar que este Tenerife, ofensivamente, es algo más que un cero.