Por @fllombet
Por incongruente que les pueda parecer a los matemáticos, me atrevo a titular esta Enredadera tal que así para definir a la Liga Endesa de esta temporada, que se inicia este fin de semana.
Un buen producto, y español, cuyo porcentaje de jugadores nacionales se reduce a escasamente un tercio de los que formarán el total de las plantillas de las diecisiete entidades. Pocos números para vender producto español.
Nos preciamos de decir que tenemos en nuestro país la segunda mejor liga del mundo después de la NBA, en la que curiosamente han desembarcado este verano un buen puñado de españoles. Y lo manifestamos sin faltar a la verdad. Nuestra liga presenta este año muchas novedades en jugadores. Y muchos con trayectoria de prestigio.
No pocos equipos le han cambiado la cara a sus rosters, algunos incluso casi al completo. Hemos importado jugadores protagonistas de otras ligas europeas, al margen de contribuir a ese mercado de jugadores americanos, pero con pasaportes de los lugares con menos baloncesto de nuestro continente. Este movimiento se ha traducido en una expectativa de competición de muy alto nivel, seguramente estamos ante la liga más interesante de los últimos años.
Una competición, un producto, que no se va a dimensionar públicamente tal y como estaría en relación con la inversión económica que se necesita hacer para participar. De todos es sabido las enormes dificultades crematísticas que supone formar parte de la ACB. Las exigencias económicas son casi desproporcionales.
Y este producto de élite tampoco tiene números en las audiencias, toda vez que la Asociación de Clubs decidió otorgar la exclusiva de la emisión a una plataforma de televisión de pago. Una plataforma que, justo es reconocerlo, emite con una calidad muy alta el baloncesto: buena realización, excelentes profesionales, calidad de imagen, protagonistas en directo,… Pero, al mismo tiempo, una plataforma que no cuenta con un número de abonados al basket que permitan dimensionar el producto final.
Sin ir más lejos, la pasada edición de la Supercopa, con un enfrentamiento en semifinales de Madrid y Barcelona fue visto por menos de 100.000 espectadores y por menos de 50.000 la final.
Si ese producto se “prestara” o “compartiera”, en determinados momentos, en abierto, los números serían algo más vendibles. Hoy esa posibilidad parece inviable.
Nos adentramos a vivir un producto, definido como la mejor liga de Europa, con un nivel deportivo, a priori, superior al de ediciones anteriores en el que participará un reducido número de jugadores nacionales y que podrá ser visto por un escaso número de privilegiados que podrán permitirse verlo in situ, o estén dispuestos a abonarse a una plataforma privada.
Aún así, hoy comienza un producto que me permito recomendar. ¡Que lo disfruten!