Skip to main content Scroll Top

(Re)molinos de viento

Por @beatrizpalmero

Estas semanas de ausencia (les pido disculpas por haber abandonado momentáneamente este trocito de espacio que compartimos ustedes y yo) y la distancia que he tomado en el día a día me ha permitido observar desde la barrera situaciones que antes vivía junto al árbol, lo que no me permitía ver el bosque. Porque no hace mucho el principal debate en redes era el estilo de juego del Tenerife. No gustaba, o al menos se hacía campaña, contra el estilo de un equipo diseñado para robar y salir en velocidad. Se criticaba que su única meta era jugar juntito, dificultar el juego del rival y que su principal arma fuera el contraataque. Los resultados no acabaron de llegar así que pareció conveniente un cambio de rumbo. El principal argumento esgrimido era que, aquí, siempre se ha jugado a otra cosa.

La llegada de Martí trajo aires nuevos. El equipo pareció liberarse del invisible yugo que lo aprisionaba y se sintió más arropado por un entrenador que traía aires de conciliación y que recordaba a tiempos mejores, aunque pocos recordaban que el Tenerife de Benítez que el balear capitaneó en el ascenso a Primera no brillaba precisamente por un fútbol vistoso y ofensivo. Pero Martí había heredado una plantilla determinada, y aunque los resultados mejoraron y mucho, no acabó de encontrarse esa vistosidad en el juego que la afición reclamaba, salvo en contadas excepciones durante un tramo de la segunda vuelta.

En verano se han cerrado refuerzos que, de momento, parece que van a aportar, y mucho, fútbol al equipo. Y en estas primeras jornadas hemos visto un Tenerife más ambicioso. No me disgustó el equipo en la segunda parte de Elche, pese a la derrota, y tras la trabajada victoria ante el Valladolid, los blanquiazules hicieron una primera parte en Almería para enmarcar, y el 0-1, en mi opinión, se quedó corto. Ante el Mallorca no se pudo ganar, en parte porque el equipo se mostró un tanto inocente en los últimos metros, pero volvió a ser superior a un rival al que el árbitro le permitió jugar al límite y que defendió el empate con todos los jugadores en su área. En Miranda también hubo ocasiones para adelantarse, para empatar y para ganar incluso el partido, pero de nuevo no se concretaron las ocasiones ante la meta rival. El principal lunar es que en Anduva no hubo ni rastro de esa solidez defensiva que, desde el regreso a Segunda División, ha caracterizado a este equipo. Cuatro disparos a puerta del Mirandés, tres goles. No es, ni de lejos, un buen balance para un equipo que aspira, aunque sea, a soñar con la ilusión.

Y es cierto que ahora vemos algunas jugadas trenzadas, asociaciones que antes reclamábamos. También lo es que igual falta algo más de pausa para combinar, pero, como es habitual, aquí el caso es reclamar lo contrario de lo que se ve, y ahora el equipo nos parece una abominación porque, en un partido, el juego defensivo hizo aguas.  Y de nuevo, las críticas. Ya nadie parece acordarse de que reclamábamos un juego más ofensivo, y que ese juego ofensivo, esa valentía, esa presión en campo contrario, a veces genera más inseguridad atrás si la sincronía del trabajo del equipo en ambas áreas no es armónica.

Y esa volubilidad en las opiniones desanima. Porque parece que aquí cada vez importa menos el equipo y más las cosas que se hacen mal. Sólo las cosas que se hacen mal. Nos encanta regodearnos en ellas. Cada vez parece más claro que sólo el resultado importa. Si ganamos, da igual lo demás. Yo, ustedes perdonen, prefiero centrarme más en aquello que se hace bien, al margen del resultado del marcador. Pero reconozco que a veces me siento como el Quijote luchando contra los molinos. Es difícil seguir en pie cuando las palabras que mueve el viento son más fuertes que las locuras de alguien que está más cuerdo de lo que parece.