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El partido que ganaron los ultras

Por @josefelipem

En pocos lugares se viven con tanta pasión las rivalidades futbolísticas como en Italia. El país, lleno de encuentros y desencuentros a lo largo de su historia, está acostumbrado a noticias e historias protagonizadas por los aficionados más radicales, no en vano allí surgió el movimiento ultra, extendido prácticamente por todo el mundo, con unas características claras en las que la defensa del equipo, la ciudad y el grupo al que se pertenece, y no necesariamente en este orden, está por encima de todo, solo así puede llegar a entenderse lo que ocurrió el 10 de noviembre de 2013, en el estadio Arechi de Salerno.

Salernitana y Nocerina protagonizan una vieja rivalidad. Ambas localidades se encuentran en la Campania, y Nocera Inferiore, sede de la Nocerina, está situada en la provincia de Salerno. A lo largo de los años no se han visto las caras en demasiadas ocasiones debido a que no han coincidido en la misma categoría de manera habitual, por lo que el duelo de noviembre de 2013 iba a ser especial y muy esperado por parte de ambas aficiones, ya que volvía a celebrarse 25 años después. La Lega Pro, la tercera categoría italiana, se preparaba para un encuentro de máxima rivalidad, tanto que el presidente de la Salernitana lamentó que la Federación Italiana incluyera a los dos clubes en el mismo grupo. “Es como poner juntos a israelíes y palestinos”, dijo. Debido a este temor, él mismo decide prohibir a cualquier aficionado de la Nocerina su acceso al estadio para presenciar el encuentro. Había comenzado la guerra.

Los Ultras Nocerina advierten: “Si ellos no entran, no habrá partido”. Buscan varias posibilidades y como tratar de convencer a sus jugadores de no jugar el partido por el orgullo de su escudo y su ciudad no acaba de parecerles buena idea deciden pasar a las amenazas. La tensión es evidente, el Sur de Italia no es un lugar en el que las amenazas de muerte, según de dónde vengan, deban tomarse a la ligera. Hay división clara en la plantilla, posiblemente porque muchos jugadores creen que se trata de un simple farol, de una amenaza más de las que tanto se ven en el fútbol italiano por parte de sus ultras, pero la mayoría acaba claudicando conforma pasan los días y las horas.

La semana previa se especula con que la Nocerina no viajará a Salerno o que incluso, ya en el estadio del conjunto granata, optarán por retirarse, pero el trío arbitral parece convencer a los jugadores visitantes después de que estos aseguren que las Fuerzas de Seguridad italianas los protegerán en todo momento. La policía da garantías en la persona de Antonio de Iesu, su jefe, pero el peligro real no está allí, en el estadio Arechi, sino cuando tengan que regresar a Nocera Inferiore. Finalmente, 40 minutos después de la hora estimada, la Nocerina salta al césped gracias a la mediación del colegiado Sacchi.  En las gradas no hay un solo aficionado rojinegro.

De repente, suena un ruido en el cielo de Salerno, es un helicóptero de la policía, por lo que, definitivamente, nada de aquello se trataba de ninguna broma. Cuando un nuevo ruido hace que los jugadores vuelvan la vista arriba no pueden creer lo que ven, los ultras de Nocera han alquilado una avioneta con un cartel que reza “Respeto para Nocera y sus ultras”. Todo cambiará a partir de ese momento para pasar a la historia como uno de los encuentros de la vergüenza del fútbol italiano.

No se ha cumplido un minuto de partido y la Nocerina ha agotado los tres cambios por supuestas lesiones de sus jugadores. Fueron, quizás, los más avispados, porque a partir de ese momento empieza un aluvión de lesiones fingidas con el que el conjunto visitante se queda con seis futbolistas  en el terreno de juego, lo que obliga a suspender el encuentro. La escena es bochornosa, a los únicos que no les da vergüenza es a los Ultras Nocerina, que celebran por los calles de su ciudad lo sucedido al grito de “El partido lo hemos ganado nosotros”.

¿Qué pasó luego?

La propia policía de Salerno admitió que los jugadores habían recibido “serias amenazas de muerte” en su propio vestuario, algo por lo que aún extrañó más la actitud de la Nocerina, que parecía no querer llegar al fondo del problema. 22 personas fueron denunciadas por amenazas y a otras 23 se les abrió expediente. Gaetano Fontana, entrenador de la Nocerina, presentó su dimisión, aunque posteriormente sería suspendido también por la Federación. Fontana  siempre defendió que lo importante era mantener la integridad de sus jugadores. Algunos de ellos también fueron suspendidos, y la Nocerina descendida de categoría y multada, algo que no soportó y tuvo que ser refundada. El pulso de los ultras les había costado muy caro. O no, teniendo en cuenta que en Italia muchas veces importa más el grupo en sí que el equipo al que animan. Pero, ¿fue una cuestión solo de los ultras? Pino Alfano, concejal de Deportes de Nocera, fue uno de los hinchas implicado en todo aquello. Siempre defendió la legitimidad de lo hecho por los Ultras Nocerina porque él era uno de ellos, pero en el ambiente siempre quedó una posible implicación de la mafia. ¿El fútbol? ¡Ah, sí! Cuando se suspendió el partido, en el minuto 21, el marcador reflejaba empate a cero.

La ficha

Salernitana: Iannarilli, Tuia, Luciani, Piva, Sbraga, Montevirno, Perpetuini, Capua, Mounard, Ginestra y Guazzo.

Nocerina: Gragnaniello, Kostadinovich, Rizza, Et Hottor, Ficarotta, Palma, Polichetti, Remedi, Danti, Evacuo y Lepore. También jugaron: Cremaschi, Malcore y Martínez.

Árbitro: J. Sacchi. Expulsó por roja directa a Iannarilli y a Ficarrotta.

Incidencias: Estadio Arechi, ante 8.392 espectadores.