Por @AleixValero
A pesar de la medalla conseguida a primeras de cambio por Mireia Belmonte (ella no falla), los resultados tanto en deportes individuales como colectivos están dejando bastante que desear salvo un par de honrosas excepciones en la participación de los nuestros en los Juegos Olímpicos de Río 2016.
Cada cuatro años, cuando se van restando semanas, días y horas para una cita olímpica, los más optimistas sacan pecho del cartel de la “marca España” habitual y elevan las expectativas por encima de las posibilidades, que no talento real…y luego llegan las decepciones.
Algunas previsiones apuntaban incluso a las 20 medallas como la barrera que se podría superar en esta cita, y ojalá sea así. Tal cual se están desarrollándolos acontecimientos creo que todos lo firmábamos ya. Veremos si llegamos a 15 o superamos las 10.
Este artículo es solo opinión, ni pretende sentar cátedra ni está impregnada de negativismo, ni mucho menos. Pero en un país en que el fútbol ocupa las portadas y el 90 por ciento de las noticias deportivas, en el que los aficionados generalistas, desconocen los detalles de los deportes, y nuestros deportistas olímpicos aunque los días antes de la competición nos volvemos expertos exprés bajo los cursos acelerados con la prensa deportiva y el café de turno, el problema viene desde lo más profundo, desde la raíz.
No es que no haya cultura deportiva, es que no hay educación deportiva. Y a todos nos extraña luego que el décimo país con más atletas en los Juegos y ¿potencia europea? no esté entre los treinta primeros en el medallero. No se cree en el deporte de base, desde el colegio. A este país lo sustenta, en lo deportivo, el fútbol español y los Gasoles, Mireias, Nadales y Alonsos de turno. Puro talento, pero cero proyecto.
No se trata de que haya que abrir el grifo de manera indiscriminada del dinero público a los deportistas, aunque cuánto de eso se quedará mal gestionado en las federaciones. Se trata de impulsar desde los colegios las actividades, quizá sobren hasta federaciones. Al margen de cuestiones demográficas obvias, Estados Unidos puede ser un ejemplo en muchas cosas, no todas, de crear deportistas de élite más allá de los deportes de masas. Y ahora que Rusia está en el punto de mira del doping de Estado, habría que preguntarse qué está haciendo nuestro Estado para fomentar y promocionar la actividad deportiva, además de sacarse las fotografías de rigor con los antes mencionados.
Bastantes éxitos están logrando nuestros deportistas anónimos a lo largo de todo el planeta y durante cada año para las ayudas e incentivos recibidos. Pero una buena ley de becas, similar a la americana, creyendo de verdad en los valores del deporte, ojo, sobre todo de los minoritarios, de aquellos que no funcionan ya con el piloto automático puesto como el fútbol, que se gestiona por sí mismo.
Hay que involucrar a los inversores privados. Una Ley del Mecenazgo o el nombre que quieran ponerle, que de alguna manera premie a las empresas que pongan su dinero en programas de fomento del deporte, tanto de base como profesional, ya sea por incentivos fiscales, bonus… Cualquier cosa que mejore el statu quo actual que premia sacar el dinero creado y generado en España para llevarlo a Suiza y paraísos fiscales. Que sigan defraudando y después permitimos que regularicen barato, en lugar de que se invierta en deporte (por ejemplo) parece más rentable en este país.
Mientras tanto nos seguiremos engañando viendo fútbol, baloncesto o fórmula 1, y dentro de cuatro años nos preguntaremos por qué no estamos entre las diez potencias olímpicas y solo dentro de cuatro años volveremos a hablar de Samuel Carmona, Fátima Gálvez, Andrés Mata, Ander Elosegi; seguro que dentro de un mes ya nos olvidamos de quiénes son.