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El sillón

por @juanjo_ramos

El Tenerife tiene poco más de 2.000 abonados. Pocos, muy pocos. Es verdad que empezó tarde la campaña por las elecciones. Y que, a diferencia de muchos clubes, reserva el asiento hasta muy tarde (para mí demasiado). También es cierto que nueve de los clubes que tienen más abonados en este momento han pasado por la Primera División más recientemente. Incluso, que estamos en el mes vacacional por excelencia y que aún hay gente esperando a cobrar. O que los partidos de pretemporada en el Heliodoro son más tarde este año. Pero pese a todos estos atenuantes, algo falla.

Falla el club, desde luego. Ha hecho mejor campaña promocional que otras veces. Pero no termina de calar. Defienden algunos que la clave tiene que ver con la credibilidad de sus integrantes, pero yo creo que el principal problema interno estriba en el proyecto deportivo. La gente quiere un equipo ambicioso y ganador. Es verdad que, con la boca pequeña, ya se habla de ascenso. Pero no es suficiente. El miedo de dentro a vender algo que luego no puedan conseguir se convierte en apatía fuera. En definitiva, sí: el club podría hacer mejor las cosas y la política de precios es mejorable. Sus pasos, como el de reconocer a los fieles abonados de la última década, son pequeños. Tímidos. Insuficientes. Cuando algo no funciona, no es suficiente con matizarlo. Hay que cambiarlo de verdad para captar más clientes.

Pero cada año, a estas alturas, repito la misma pregunta: ¿Y nosotros? Estoy harto de escuchar todo tipo de justificaciones para no sacarse el abono. Entiendo y me solidarizo con el que no lo hace por motivos económicos o de salud. Y por supuesto, respeto (pero no entiendo) al que no lo hace porque no le ilusiona lo que ve o porque discrepa con el que está dentro del club.

Aún así, sigo creyendo que uno es del escudo, de los colores blanquiazules. No de Concepción, de Martí o de estos jugadores. Porque ellos, todos ellos, están de paso. Pero el escudo se queda. Eso de “yo no vuelvo al estadio hasta que se vaya…” es una excusa barata y pueril. Si no quiere ir, no vaya. Pero no se esconda detrás de semejante simpleza. Lo oí con Pérez, con Ascanio y ahora con Concepción. Es tan viejo el argumento como infantil. Y si uno es del Tenerife, es del Tenerife siempre.

Uno puede elegir no abonarse. Pero no me vendan la moto, en las épocas de bonanza, de que esta es la mejor afición de España. No lo es. El Zaragoza, con muchos más años en Primera y títulos en sus vitrinas, vagabundea por la Segunda en medio de la mediocridad y sumando decepciones. Tiene 15.000 abonados. El Cádiz, en uno de los lugares más afectados por la crisis y el paro, llevaba un lustro en el pozo de la Segunda B. Ya tiene 12.000. No amigos, no somos la mejor afición. Ni de lejos. Si usted, estimado lector, no se saca el abono porque no le gusta lo que ve, igual es un cliente del CD Tenerife. Merece todo el respeto como tal. Pero es cliente, no aficionado. Se lo explicaba hace un año.

No se trata de precios, personajes que no nos gustan y están al frente del club o de proyectos. La realidad va más allá que todo eso. Queremos un equipo que pelee por el ascenso, pero nos sentamos en el sillón a esperar. No nos movemos. Ni a delegar una acción, ni a comprar el abono ni a nada. Nuestro movimiento se basa en criticar y criticar. Pero criticados ellos (repase los dos primeros párrafos), me pregunto: ¿Y nosotros?