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Objetividad

por @juanjo_ramos

 

Me puse delante del televisor este jueves a mediodía y, de repente, después de la interesante agenda de campaña política, empezó un programa de deportes. Teóricamente de deportes. El primer titular, “Cristiano tapa bocas”, ya me dejó boquiabierto. El portugués anotó dos goles y salvó a su selección de la eliminación. Nada se sabía de él en los dos choques anteriores. Por cierto, este tampoco lo ganó Portugal. Por la mañana, había lanzado el micrófono de un periodista al suelo. Pero el presentador del “informativo” que veía pidió “ponerse en su lugar”. ¿Hay algo que justifique semejante acto?

La siguiente noticia aludía a una presunta “Campaña contra De Gea”.  Ahora resulta que, en este país, no se puede opinar sin estar en un bando. Hay que ser de De Gea o de Casillas, de Cristiano o de Messi, partidario de Del Bosque o detractor…

Que el extremismo ha cobrado fuerza (también en la política) resulta evidente. Pero explíquenme si España no estuvo bien contra República Checa, muy bien contra Turquía y mal contra Croacia. ¿Es tan difícil de entender? Incluso, se puede felicitar al seleccionador por haber encontrado la fórmula para devolver su competitividad a la vigente campeona de Europa después de su fiasco en el Mundial de 2014, logrando una transición dulce para sustituir a Casillas, Xabi Alonso, Xavi o Villa por De Gea, Koke, Cesc, Nolito, Morata y compañía.

Al mismo tiempo se le puede pedir a Del Bosque que elija al lanzador de los penaltis y no permita que el ego de Sergio Ramos prive del liderato a España. O que rote, para generar mejor ambiente, e impida un contragolpe en contra en el minuto 88 con el marcador que beneficiaba a España.

Todo esto sin inventarnos un “mal ambiente” en la selección, tercer titular del informativo de deportes que veía este mediodía. O sin caer en otras disquisiciones, siempre destinadas a generar polémica, debate y división.

Llegados a la orilla tinerfeña, esta semana veo los toros desde la barrera. Lo hago con tranquilidad, consciente de mi decisión de no mojarme antes del día 14. No porque considere que mi opinión pueda influir decisivamente en el resultado. Ni mucho menos. Pero por el bien del Tenerife y de todos (aparte de la promesa que hice a los míos), sería saludable que los periodistas nos dedicáramos a informar. Y lo hiciéramos correctamente, sin que se vea el candidato que preferimos. Queda feo que los que nos siguen por nuestra credibilidad puedan darse cuenta de que se nos ve el plumero. Nunca mejor dicho.