Por @AleixValero
Ni pasadas 48 horas puede uno quitarse de la cabeza la jugada que truncó la victoria del CD Tenerife ese sábado contra el Elche. No hay justificación ni perdón posible para Jorge Valdés Aller, que escatimó dos puntos a los tinerfeños en la jugada sobre el ‘Choco’ Lozano, quien por cierto, jugó mejor saliendo desde el banquillo que en sus últimas apariciones en el equipo inicial.
Mañana martes hablará el presidente Miguel Concepción, y esperemos que se moje como hay que hacerlo cuando se lesionan gravemente los intereses de tu club, de tu sociedad, de tu gente. Porque el derecho al pataleo lo tenemos todos. Porque seguramente no sirva de nada, pero hay que quejarse, revelarse ante las injusticias. Porque no es la primera y porque con arbitrajes ecuánimes y acertados el Tenerife probablemente estaría ya en puestos de play off…o casi.
En ese sentido es de aplaudir la actitud del entrenador. José Luis Martí se ha ganado a pulso su renovación. Por sus resultados, por su fútbol, por su tinerfeñismo , por su comportamiento tanto dentro como fuera de los terrenos de juego. Por dar chispa, ambición e ilusión a su grupo de jugadores y a todos nosotros, aficionados…periodistas…blanquiazules en definitiva. Y más después de su comparecencia de prensa al acabar el partido de Elche.
“Si hablo del árbitro me sancionan toda la temporada”. Dijo todo sin decir nada. Chapeau las palabras de Martí, la rabia contenida, la cachetada sin manos al estamento arbitral, a la Liga. Su grito de “basta ya”. Exactamente igual que los jugadores que han ido hablando de manera pública desde entonces; en su papel. Mordiéndose la lengua para evitar males mayores pero mandando un claro mensaje entre líneas ¿Servirá de algo? Probablemente no. No creo yo que los árbitros piten ahora de manera diferente al Tenerife (o cualquier equipo) por quejarse y alzar la voz. Pero son gestos cuanto menos necesarios, que se nos escuche.
Me cuesta pensar que en la próxima caída de un jugador del Tenerife en área rival el colegiado de turno pite o no pite penalti en ese momento en función de los últimos errores, ni por conciencia propia, ni por arrepentimiento ni por equilibrar la justicia, pero todo esto no quita para que sigamos poniendo la otra mejilla y quedarnos al final con cara de tontos y lamiéndonos las heridas en solitario y con miedo a alzar la voz por represalias posteriores ¿Cornudos? Parece que sí ¿Apaleados? Eso no, nunca.