por @juanjo_ramos
Llevaba cinco años sin sentir eso que llevé dentro durante tanto tiempo. En 2011 algo se apagó. Desaparecía el CV Tenerife, club con el que había crecido como periodista y persona. Hice dos viajes ocasionales a Granada y Bérgamo, en aquella primera final four europea en 1998, pero fue a partir de 2000 cuando me hice asiduo de sus desplazamientos nacionales y continentales.
Nada más llegar a Radio Myd, en las navidades de 1999, Juan Carlos Castañeda me encargó ir a Praga. A Quico Cabrera le gustó mi narración y supongo que mi ingenuidad. Los dos confiaron en mí para hacerme fijo en las transmisiones del entonces Construcciones Marichal. Y hasta 2006 narré cada éxito del club tinerfeño. Los recuerdos afloran. Anton Kinder era el nombre del intérprete de aquel primer viaje a la República Checa. El señor, ya jubilado, no hablaba ni papa de español. Y de inglés iba justito por ser generosos.
No me olvido del jarrón de cristal de Bohemia que traje a mi madre desde Bratislava. Ni de la gastroenteritis que pillé en Estambul cuando, en una cancha repleta de militares, el Eczacibasi eliminó al conjunto que dirigía Hilarión González. El cubano era un caso. En una ocasión volamos en un avión de hélices y al hombre no se le ocurrió otra cosa que decir que el aparato era zurdo porque había funcionado primero la izquierda.
Quico me encomendó en otro desplazamiento la misión de acompañar a Liu Tian-Li a la embajada china para que sellaran su pasaporte y pudiera entrar en Rusia. ¡Vaya lío! Como cuando los compañeros de la Ser casi pierden el vuelo Moscú-Ekaterimburgo por un control demasiado riguroso a su entrada en Rusia. Cosas de los equipos de transmisión. A veces, lo que fallaba eran las líneas RDSI. Aquella tecnología, empezando en Bulgaria, traía al técnico de Sofía de cabeza. El hombre enganchó por el mismo número a la Cope y a nosotros. Casi hacemos la primera transmisión simultánea el bueno de Silverio Mendoza y servidor. O las horas interminables de guagua en medio de la nieve desde Bucarest a Bacau. El campamento militar de Nyzhni Tagil, las cinco horas de diferencia en Bakú…
Dormí una vez en Luzhniki, el famoso estadio moscovita, después de ganar al poderoso Uralochka. La celebración, con vodka claro, nos quitó el frío. Dejémoslo ahí. Recuerdo las primeras palabras de Quico tras el título de la Champions logrado en casa allá por 2004, a una turca humilde y talentosa, Neslihan Darnel, jugar embarazada para ayudar a sus compañeras a ganar un partido. Y así mil historias.
Todas, de repente, me vinieron a la cabeza viendo al CV Haris clasificarse para la final de la Superliga. De la última, al menos teñida de blanquiazul, han pasado diez años. Y ellas, con David Martín como entrenador e Iván Machuca como motor, han logrado que el voleibol vuelva a importarme. El sábado estaré en el Pablos Abril. Posiblemente, esta final la pierdan. Pero han empezado un camino que solo tiene un final: el éxito. Brindo por ello, por el CV Tenerife del que son dignos herederos y por Quico.