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De política y deporte

Por @josefelipem

Las vinculaciones del deporte con la política son incuestionables. No es algo nuevo, ni mucho menos, aunque las reivindicaciones de Muhammad Ali, la idiosincrasia del FC Sankt Pauli o la sentada que llevaron a cabo los jugadores de AEL Larissa y Acharnaikos para protestar por las condiciones de vida de los inmigrantes en Grecia poco tienen que ver con lo que nos encontramos en nuestro día a día. Eso son gestos que engrandecen a las personas, hacen confiar más en la humanidad y hacen sentir que, si es para esos fines, no es nada malo que la repercusión mediática que puedan tener los deportistas de alto nivel sea utilizada para que los más desfavorecidos puedan vivir un poco mejor.

La cara menos buena es la otra, la de tratar de que la política llegue a todos los ámbitos de la sociedad, incluso a aquellos en los que no se les ha perdido nada a los políticos, y eso es algo que en esta isla conocemos muy bien. Sucedió hace varias temporadas, con la intención de unificar el baloncesto de Tenerife. Los clubes no se entendían, seguramente no querían entenderse, y entonces entró en escena la política. De no entenderse se pasó al enfrentamiento, a los malos modos, las acusaciones cruzadas y demás, lo que terminó con uno de los clubes en el ostracismo, eso sí, con un canon ACB desaprovechado y pagado, cómo no, gracias a la política, y con otra entidad compitiendo en ACB. Fueron los políticos, algunos, los que tomaron como algo personal competir en la Liga Endesa y ser SAD. A mucha gente le extrañó aquel empeño, loable, seguro, por otro lado, pero volvía a ser lo mismo: el deporte como escaparate para los que tratan de hacer más política.

El último episodio de todo esto tiene que ver con la carrera a la presidencia del CD Tenerife. Sinceramente, no sé qué tiene Paulino Rivero que sin ni siquiera decir que quiere presentarse en las próximas elecciones del club ha conseguido poner en alerta a varios sectores de la sociedad tinerfeña. Rivero, tinerfeñista indiscutible, ha visto como no quieren que llegue a la presidencia y para ello incluso se le ha querido retratar como alguien al que lo único que le interesa es poder cobrar del club, un disparate que sirve para enrarecer aún más el ambiente en torno a un sillón presidencial en el que va a seguir Miguel Concepción, básicamente para tratar de tener la fiesta en paz.

Carlos Alonso, presidente del Cabildo Insular de Tenerife ha manifestado abiertamente que no le gusta la idea de Rivero ocupando el cargo, algo absolutamente respetable, como respetable es que Alonso se posicione, como puede hacerlo cualquier persona, en esa dirección. Es un derecho que creo que el hecho de ocupar un cargo público no debe de ser un impedimento para ello. No lo veo lógico. Pero lo publicado esta semana en DIARIO DE AVISOS no es una opinión, es una realidad. Que existió una reunión en la que se mostró claramente que hay un sector político en la isla que no quiere a Rivero dentro de club es otra realidad, como también lo es que todo ello perjudica al club en el mejor momento deportivo de la temporada.

Lo de Paulino es lo más grave, aunque no lo único. Visto el panorama, Pier, que sí ha manifestado su intención de ser presidente aunque sin desvelar cómo, también se apresuró a decir que quiere unas elecciones en las que no se hable tanto de política, eso sí, después de haber manifestado meses atrás que ya había presentado su proyecto a Fernando Clavijo, presidente del Gobierno de Canarias. Dicen que al que fuera exjugador de Tenerife, Sporting de Gijón, Betis y Zaragoza entre otros, le ha molestado que después de habérsele comunicado ciertos apoyos, políticos, por supuesto, estos hayan dado un paso atrás dejándolo solo.

Sea como fuere, la sensación con todo esto es de pobreza, de ser un entorno cutre, rodeado de problemas lo suficientemente importantes como para no interesarse tanto por un club de Segunda División, pero el caso va más allá. Como cada vez que sucede algo así, los medios de comunicación corremos a ponernos en uno u otro lado. Lo hacemos por diversas razones, que van desde la inquina a determinadas personas, el apoyo incondicional y la amistad por otras y, sobre todo, por los intereses existentes, ya sean personales, laborales o vaya usted a saber de qué tipo.

Como al final cada uno tenemos una opinión, seguramente unos intereses y demás, sería bueno que nos las diéramos menos de periodistas libres, de profesionales íntegros y todas esas cosas que tanto nos gusta decir cuando queremos ser abrazados por nuestros lectores, oyentes y aficionados en las redes sociales y pidiéramos, simplemente, que los políticos se alejaran un poco del deporte si lo que se quiere es influir en él. Al menos del de élite. Nos iría mejor a todos y, seguramente, la política no estaría tan maltratada en los últimos tiempos, en muchos casos, con toda la razón.