por @juanjo_ramos
Prefiero escribir del Tenerife, su juego, sus resultados, las ilusiones y la esperanza de estas últimas jornadas que de las promociones que no se hacen, el entrenador despedido hace 14 meses y las elecciones para renovar el consejo que nunca llegan.
Prefiero escribir de lo que hacen los jugadores dentro del campo y no de lo que hacen fuera, de sus goles en vez de sus ruedas de prensa, de su crecimiento en lugar de sus negociaciones de contrato, de ellos y su gente más que de sus representantes, de los récords de imbatibilidad más que de las carencias, de los canteranos que suben al primer equipo en vez de los que se escapan a un equipo grande porque los colores blanquiazules no son suficientes.
Prefiero escribir de los deportistas y no de los directivos, de los proyectos en lugar de las promesas, de la gente que suma mejor que la que resta o divide, del que trabaja a oscuras en busca del éxito, porque tiene más mérito que el que solo quiere salir en la foto una vez logrado el premio.
Prefiero escribir de los verdaderos protagonistas en lugar de enredarles a ustedes, estimados lectores, con disputas estúpidas dentro del periodismo que solo engordan el ombligo del que recibe elogios y aplausos.
Prefiero escribir tuits con respeto y sin descalificar, para informar de verdad y no para contar lo que me interesa, para opinar lo que creo en lugar de para defender lo que me conviene, para debatir sanamente con la gente que quiere intercambiar opiniones mejor que para responder a un obsesionado que solo dice tonterías porque se debe a su amo.
Prefiero equivocarme siendo yo mismo que aceptar un camino que solo conduce a quedar bien, pero no a acostarse con la conciencia tranquila. Fallar en una opinión, pero jamás en una información. Errar en el momento elegido, pero nunca en el análisis realizado.
Prefiero hacer caso al que valora aciertos y errores, en lugar de aquel que solo ve lo bueno o solo ve lo malo. Al que está en las buenas y en las malas. Al que te pregunta ¿dónde lo enterramos? Si le confiesas que has matado un burro. Y no al que te repite todo el rato: ¿Qué hiciste? Escuchar al que te aporta soluciones en vez de a ese que solo te señala el problema. Al que se pone en tu lugar y no al que ve los toros desde la barrera, con autocomplacencia, y te perdona la vida.
Prefiero ser como soy.
P.D. De las conversaciones privadas nunca hablo. Si son mías, por respeto al interlocutor. Si las veo de otros, porque soy persona. Y no un culichichi. Por eso, no he escrito ni una letra sobre la de hoy. De la que salí muy contento, por cierto.