por @juanjo_ramos
La historia de Omar Perdomo me recuerda lo perjudicial que puede ser el ruido. Sí, el ruido. Porque tengo la sensación de que club y jugador se hubieran puesto de acuerdo algo más rápido si no llega a ser por la existencia de esos agentes externos que ahora influyen en cualquier negociación de este tipo.
Desconozco si la razón acompaña al Tenerife o la tienen los agentes del futbolista. Pero es evidente que existe un problema de desconfianza mutua imposible de resolver si una de las dos partes no da su brazo a torcer. Puede que la inflexible postura de la entidad suene a eso, a inflexible. Y que podamos reprochar que no sepa atar a uno de sus valores al alza con la celeridad debida. Incluso, que en el contrato firmado hace un año no se reflejen mejores condiciones.
Pero lo que me sorprende de verdad es que la claúsula de rescisión, que parece ahora el problema, y la de renovación automática fueran dadas por válidas hace un año y ahora no. ¿Qué ha cambiado? Respuesta sencilla: la cotización del jugador. En enero de 2015 estaba casi condenado a participar en Tercera División y le dieron una oportunidad, cerca de casa, de reengancharse al fútbol profesional. Se lo ganó en el campo, con el Tenerife B primero, y ya con Agné o Martí, más tarde. Pero todo parte de esa puerta que le abrió Sesé Rivero.
Solo por agradecimiento, el que repetida y seguro que sinceramente ha mostrado Omar en público, merece el club ese beneficio de la duda. El de firmar el “viejo” contrato para luego acordar el nuevo. Por eso y por el esfuerzo que está dispuesto a hacer el Tenerife para que se quede. Tensar la cuerda deslizando la posibilidad de denunciar la abusiva cláusula de rescisión solo trae problemas y marca una distancia que puede y debe disiparse.
Apelo a la buena voluntad de Omar Perdomo. Le conozco poco, pero me parece un chico sencillo, humilde, honrado, profesional y agradecido. Como futbolista no tengo dudas de lo que ha ofrecido y del margen de crecimiento que tiene. Por eso, no puede dejar que sus agentes vean un problema donde no lo hay. Defender sus intereses, sí. Alejarle del sitio en el que quiere estar, no. Ahí deberá estar ojo avizor, tanto él como su familia, para tomar la decisión correcta.
El Tenerife ha cometido errores en este tipo de negociaciones. Dejó escapar a Bruno, no supo atar a Ayoze Pérez para sacar tajada (de verdad) por él y hasta se le puede atribuir cierto margen de error en el caso de Jefté. Pero ahora, con Omar, no atisbo el error ni el exceso de celo más allá de defender lo firmado, que no es otra cosa que defender los intereses de la entidad. Eso sí, conviene y se puede exigir a los responsables que encuentren la solución. Por el bien de todos.
P.D. Los agentes externos también son aquellos que dicen a una de las partes lo que quiere escuchar. Lo hacen por sistema y para beneficio propio. Pero no tengo intención de dar lecciones a nadie. Así que, como diría el filósofo que nos preside: «Fin de la cita».