Por @beatrizpalmero
Siempre he tenido sentimientos contradictorios cuando llega el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Recibo o leo en redes sociales muchos mensajes felicitándome o felicitando a las mujeres por… ¿por qué? ¿Por ser mujer y trabajar? Sólo puedo entenderlo desde el punto de vista del reconocimiento que se hace al papel de la mujer, que durante generaciones ha hecho una labor silenciosa y no remunerada como madre y que ha entrado en el mundo laboral haciendo el mismo trabajo que el hombre sin recibir igual pago ni económicamente ni en prestigio.
Pero de otra forma, ¿cómo felicitar a una mujer por cobrar un 20% menos que un hombre en España o porque sólo un 11% ocupa un puesto directivo en nuestro país? ¿Cómo felicitar a una mujer porque el 82% de los hombres acapare los sueldos más altos en España o porque sólo un 4% de las excedencias que se piden para cuidar hijos las soliciten hombres? La verdadera felicitación tendría que llegar cuando no haga falta un Día de la Mujer, porque no hará falta reivindicar ciertos temas. Y, sinceramente, dudo que yo llegue a ver ese día.
Sólo hace falta mirar a mi alrededor. He dicho más de una vez, y el lector habitual lo sabe, que el deporte no es más que el fiel reflejo de la sociedad en que vivimos. Estas semanas hemos ido realizando reportajes en Televisión Canaria sobre mujeres que, pese a militar en la élite, no sólo no reciben, ni por asomo, el mismo trato salario que un hombre de su misma disciplina, sino que se ven obligadas a tener un trabajo fuera del deporte para poder dedicarse a él. Un tema del que también se hace eco en el día de hoy el Diario de Avisos en portada. Con dos de los ejemplos mostrados se dice todo: Silvia Doblado, jugadora del Granadilla primera división de fútbol, ejerce por las mañanas como camarera en un hotel. Laura Naranjo, jugadora de Superliga de voleibol, trabaja por las mañanas en el principal patrocinador de su club, Fígaro Peluqueros, que le facilita la flexibilidad horaria necesaria para compaginar ambas tareas. Ambas mujeres sencillas y luchadoras.
Y no tengo que irme al deporte profesional. Basta mirar el periodismo deportivo en el que, afortunadamente, cada vez somos más mujeres, pero muchas, sobre todo en televisión, tienen que pasar por el requisito de ser un bellezón. No hace mucho asistimos al bochornoso (a mi juicio) casting que hicieron en El Chiringuito para elegir al sustituto de Irene Junquera… ¡leyendo mensajes! Sorprendentemente, y nótese la ironía, los finalistas eran todas chicas jóvenes y físicamente envidiables. Y, sinceramente, visto el resultado del casting, tengo que decir que Junquera tenía más cualidades de las que su papel le dejaba mostrar, tal y como está demostrando en Zapeando. Es muy mamachicho eso de tener chicas leyendo mensajes, o dando la vuelta a los paneles en La ruleta de la fortuna, o en los inalámbricos, donde, dicho sea de paso se nos juzga más duramente que a un hombre. Porque si nos equivocamos seguro que más de uno habrá dicho “esta chica no tiene ni idea”, algo que difícilmente se dice cuando se equivoca un compañero. Así que tenemos que poner el empeño en estar el doblemente informadas y en no tener un lapsus.
En fin, que me parece perfecto que recordemos una vez al año que queda mucho por hacer y que tenemos mucho aún que luchar para que las futuras generaciones lo tengan mejor que nosotras, tal y como nosotras lo tenemos mejor que nuestras madres. Pero por favor, no me feliciten por ello. Me deja un sabor agridulce.