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Medio llena, medio vacía

por @juanjo_ramos

El Tenerife no está en descenso, objetivo principal para cualquier equipo de Segunda División A. De hecho, dejó de estarlo dos semanas después del cambio de entrenador. Su lastre, el de esas 11 jornadas tiradas a la basura, le impide ser un candidato al play off de ascenso. Al menos de momento. Lo demuestra su ritmo de puntuación con José Luis Martí: cinco victorias, cinco empates y solo tres derrotas para un total de 20 puntos de 39 posibles.

Obviar esa realidad es querer tergiversar un análisis lógico de la temporada. Esperar a que se encadenen tres jornadas sin ganar para que la estadística permita arrimar el ascua a la sardina de los críticos encendidos y obsesionados suena a patología difícil de recuperar.

Que el gran público compare esta temporada con las anteriores es respetable. Quieren más, siempre queremos más. Que lo haga alguien con los números en la mano y un poquito de memoria es un ejercicio de simplismo propio de un analista malintencionado. Y hace falta memoria para recordar que el Tenerife 12-13 logró el ascenso a Segunda B, el 13-14 certificó su permanencia a siete jornadas del final y soñó con el salto a Primera y que el proyecto 14-15 falló en el origen por dos razones: la frustración de querer completar lo que faltó en las siete jornadas finales del curso anterior antes de tiempo, algo que generó desacierto en incorporaciones claves, y una campaña desmedida que fagocitó a la figura central del plan marcado por la entidad a medio plazo.

Ese cortoplacismo que nos invadió en los primeros seis meses de la temporada pasada (luego los sectores inicialmente críticos pasaron a reclamar paciencia y comprensión) vuelve a repercutir este año. Vale que todos queremos que, de una vez por todas, este Tenerife tenga un proyecto ganador, de ascenso y buen juego. Pero huyamos del discurso fácil del “todos los años lo mismo”. Porque basta releer el párrafo anterior para comprobar que es inexacto (por no decir incierto). Otra cosa es lo que nos gustaría: tener ese éxito YA mismo.

La realidad es bien distinta. Tiene que ver con el tope salarial que impone la LFP y solo se resuelve con el pago de la deuda (poco a poco como hasta ahora), el traspaso de algunos jóvenes valores (más rápido, pero algo que tampoco gusta) o un cambio accionarial en la entidad, dando entrada a nuevos inversores (como el Mallorca, pero con el riesgo de meter un Piterman o un Ali Syed).

Lo que pretendo explicar con todo lo anterior es que Miguel Concepción podía haber hecho las cosas mucho mejor. Y creo que, en efecto, le ha faltado ambición para buscar las fórmulas que le permitieran confeccionar un equipo aspirante. Seguro que ha cometido también muchos errores y que hay directores deportivos mejores que Alfonso Serrano. Pero como vengo repitiendo casi cada semana, no es menos cierto que el drama y la crítica salvaje venden cada día más que la mesura. Y que nunca valoramos suficientemente lo que tenemos. Por eso, el Heliodoro no se llenaba en la época dorada de Primera. Igual que ahora somos 8.000 y algunos que se suman. Nunca es suficiente.

Espero que la necesaria e imprescindible renovación del consejo de administración esté al nivel suficiente para lidiar con las prisas y un entorno cada vez menos participativo y más crítico.