Por @rondoscutillas
El CD Tenerife cosechó en Tarragona su tercera derrota desde que José Luis Martí llegó al banquillo. Y lo hizo con un guión idéntico al de la primera. Los blanquiazules no jugaban mal, tuvieron incluso alguna que otra oportunidad para adelantarse en el marcador, pero cometieron el pecado de encajar en la primera llegada del rival al área de Dani Hernández y volvieron a quedarse en inferioridad numérica antes del descanso por la expulsión de Jorge Sáenz. Y todo eso en apenas cinco minutos. Luego, como en Pucela, el equipo se liberó, hizo un partido más que digno con solo 10 futbolistas e incluso acortaron distancias en el marcador. Pero fue insuficiente. El Nástic tenía ya demasiada ventaja y el Tenerife se volvió de vacío.
Supongo que esta semana se habrá trabajado para que este mal no reaparezca por tercera vez. El Tenerife tiene este curso distintos momentos de desconexión en los partidos. Afortunadamente son breves pero en ocasiones, como el domingo pasado, resultan letales. Quizá por eso sigue permaneciendo aún esa sensación de que los rivales le ganan con muy poco. Y esa situación de vulnerabilidad no puede ser un rasgo para un equipo que, como este, debe aspirar a competir durante los 90 minutos. Siempre.
Esa, al menos, es la idea con la que la Comisión Deportiva ha utilizado el mercado de invierno. Martí dispone ahora de más alternativas de las que contaba a su llegada e incluso ha visto cómo algunos elementos con los que apenas contaba han salido. Tommy Martínez estaba relegado a una participación excesivamente marginal que rara vez excedía de 10 minutos y ese rol para un jugador que fue fichado para marcar diferencias acaba siendo un lastre. Y Pedro Martín es el típico ejemplo de lo que la falta de confianza puede hacer en un futbolista. El malagueño necesita sentirse importante, como en el Mirandés, y la exigencia de verse en un equipo de mayor vigilancia mediática y las reprimendas con las que le obsequiaba Agné en los entrenamientos fueron minando su moral hasta convertirlo en una caricatura del jugador que cautivó al Tenerife el pasado verano.
En el lado ilusionante de la balanza aparecen ahora Moutinho y Javi Lara. Ambos vienen para reforzar el centro del campo y para intentar fabricar ocasiones desde una perspectiva distinta al habitual, y previsible, fútbol del Tenerife cuando tiene el balón y lo mueve para atacar de manera posicional. El primero está llamado a ofrecer la posibilidad de jugar por dentro pese a que aparezca en el vértice externo del dibujo. Detrás de ese contrasentido se esconde un jugador vertical y hábil. Alguien que puede dar más equilibrio a la medular o generar superioridad cuando aparezca por sorpresa donde nadie le espera. Una versión mejorada del invento dinámico que diseñó Agné para el lateral Cristian, pero acostumbrado a hacerlo. Y bien, como se pudo ver en su aparición por el Heliodoro este curso con la camiseta del Mallorca.
Javi Lara es más multiusos. El hecho de que varios equipos de Primera lo tuviesen en su agenda lo sitúan en un rango superior al perfil del jugador al que puede acceder el Tenerife en el mercado de invierno. De todos creo que es el que más puede aportar. Su buen golpeo de balón debe ser una herramienta desde la que esculpir la escalada en la clasificación a través de las jugadas de pizarra y a balón parado. Luismi Loro fue reclutado para tal fin hace unos años y su talento en faltas y saques de esquina dejaba siempre un buen puñado de puntos al final de cada curso. Con Lara se recupera, por fin, el plus de contar, otra vez, con un buen especialista.