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Del abatimiento a la ilusión, por @paulinorivero

por @paulinorivero

Diez años se acaban de cumplir de uno de los momentos más delicados de la historia del CD Tenerife.  Sin presidente y sin consejo de administración, en una situación deportiva y económica calamitosa, con una afición decepcionada y que había huido del Estadio, sin apoyo institucional y con muchas personas que querían ayudar, pero que no sabían como hacerlo. Todo hacía presagiar que la desaparición de la entidad era irreversible.

Juan Carlos Castañeda condujo un programa especial sobre la delicada situación deportiva y económica del representativo en el que participaron muchos empresarios y aficionados. Próximo a la finalización del programa (un lunes sobre las diez de la noche), lograron contactar conmigo que había llegado de un viaje a China del Parlamento español. En el estudio estaban algunos empresarios y uno de ellos, Martín García Garzón, me dijo que de lo que se ha escuchado a los diversos participantes se desprende que hay mucha gente que está dispuesta a ayudar, pero que no hay quien sea capaz de unirlas y me propone, en antena, que yo fuera la persona encargada de hacerlo. Dije que era muy difícil, por el estado depresivo generalizado, y por mi poco tiempo disponible. Aunque el reto para mí no era nuevo (en otros momentos delicados del Tenerife con Javier Pérez ya había intervenido), este me parecía un imposible que me motivaba.

El sábado de esa misma semana, en la Ermita de El Sauzal, 66 empresarios y una representación de todos los partidos políticos comenzaban a escribir uno de los momentos que serán parte de la larga historia del club. Esa semana fue intensa y Roberto Sicilia y Miguel Concepción ayudaron mucho en todos los preparativos. A partir de ahí, se puso en marcha un tren lleno de ilusión y autoestima. Me reuní con técnicos y jugadores en los vestuarios del Estadio buscando su implicación; en pocos días el salón principal de CajaCanarias se quedaba pequeño -más de 1000 personas- para llevar  a cabo una ampliación de capital y fijamos las bases para recuperar el patrimonio vendido.

A continuación, apremiaba tener un presidente y un consejo. Todo el mundo miraba para otro lado. Colaborar, sí; responsabilidades, no. Otra vez, ésta con un grupo más pequeño, cita en El Sauzal. Sábado y domingo de intensas reuniones en el salón de plenos del Ayuntamiento que culminan con un compromiso de Concepción y un grupo de empresarios de ponerse al frente del consejo. Todavía quedaba pendiente, para el lunes a las 8 de la mañana, una reunión, en el mismo lugar, con Álvaro Arvelo, responsable entonces de la Caja, buscando su complicidad con el proyecto. Con su bendición y el compromiso empresarial, se abría una nueva etapa en la historia del Tenerife.