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Verdad o champán

Por @juanjo_ramos

En estos tiempos en los que todo va tan deprisa, en los que no hay término medio, en los que se pasa del estrellato a estrellarse en diez minutos, el nivel de exigencia dice que el sábado ante el Elche se sabrá si el efecto Martí era de verdad o solo era efecto champán. Así de cruel es ahora el mundo del fútbol. Una derrota en el Martínez Valero alimentaría la teoría de la efervescencia del cambio de técnico como explicación de las dos victorias y dos empates. Sería injusto reducirlo así, a lo mínimo, casi a lo absurdo. Pero sucederá. A alguien se lo leerán o escucharán.

Porque también en mi mundo, el de los medios de comunicación, las cosas han cambiado. Ahora se tutea a entrenadores y presidentes. Y parece que tiene premio hacer más ruido, aunque sea a base de contar noticias que luego terminan no siendo ciertas. Hasta el punto de que parece gustar en el mundillo eso de convertirse en el protagonista. Olvidando que al lector, oyente, televidente o seguidor le importan un pimiento nuestras vidas.

Volvamos al Tenerife, que es lo que importa. La segunda parte ante el Girona nos descubrió al equipo confuso de las primeras jornadas. Incluso, en el banquillo. Por un segundo me froté los ojos para comprobar que era Martí y no Agné el que leía tan mal la situación. Se dio cuenta de que el camino hacia el gol se iniciaba en las bandas. Pero no de las dificultades, por la falta de ritmo y precisión, que tenían los encargados de mover el balón para generar esa superioridad. Vamos, que la mayoría hubiéramos firmado la entrada de Ricardo. ¿Fue miedo o un error en la lectura?

En cualquier caso, el entrenador estuvo mal. Ese día, en ese momento. Y conviene escrutar si fue una cuestión pasajera o puede volver a suceder. Pongamos en una balanza sus cuatro semanas y despejaremos dudas. Hay margen para creer que el cambio de verdad ha llegado con el balear.

Sigo creyendo, por tanto, que en Elche veremos a un equipo atrevido y que buscará la victoria. Y aunque desconozco la alineación, sí me animo a opinar que la inclusión de un futbolista creativo en la tripleta de centrocampistas debe ser el fin último del camino que ha emprendido este equipo. Igual no es el momento, pero llegará. O debería. Con Ricardo o con un fichaje en el mercado de invierno.

A mí, que no me alineo de manera decidida con una escuela futbolística y desdeño a las otras, me daña la vista que un equipo tenga que jugar con tres defensivos en la medular. Y menos cuando ha demostrado, y no hay que irse lejos en el tiempo, que con dos le basta. Fundamentalmente porque son muy buenos. Pero esta es una discusión puramente futbolística en la que me he enrollado para acabar eludiendo la pregunta: ¿Efecto Martí o efecto champán? Para mí, efecto Martí. Y que dure mucho.