Por @MaverickGold
Es curioso esto de los bandos. Cuando uno, que es “opinólogo” profesional -porque me pagan para ello y porque me apetece hacerlo- vierte una opinión en un sentido o en otro, de inmediato te etiquetan y te colocan en un bando. Si opinas en dirección contraria a una corriente determinada, siempre surge el listo que te dice que eso es una opinión interesada y orquestada. Si lo haces en otra dirección y les gusta, habrá otro listo que te denomine “vendido” o algo similar. El caso es que no hay manera de que los trolls y sus acólitos se den cuenta que tú opinión es solo tuya.
A estas alturas de la película de mi vida no necesito que haya un grupo de sujetos sospechosos que me tilden de esto y de lo otro. Pero sinceramente me trae sin cuidado. Ahora que se aproximan tiempos de batalla, de intereses varios en la pugna por gobernar al CD Tenerife, y de nervios de pasillos y barras de bar, será normal una escalada de la actividad bélica por parte de los que quieren merengue. Eso no me va a librar de opinar y mojarme cuando lo tenga que hacer y en el sentido que crea que lo deba hacer. Afortunadamente tengo el mejor antídoto para los microbios que campan por ahí; y lo llevo siempre encima sin ponérmelo o quitármelo según convenga. Ese antibiótico antibacteriano se llama capacidad para sonreír por muy tensa que se ponga la situación y por muchos conflictos que existan alrededor. Porque me va la marcha a pesar de las apariencias; porque me va la vida a pesar de los que te la intentan fastidiar, porque no soy de ningún bando más allá del mío propio. Porque si no se rompe la noche, mañana volveré a opinar guste o no guste lo que digo. Si les dedico estas líneas es para decirles que aquí me tienen, y que no me voy a salir de mi guión, que no es otro que el de seguir opinando, valorando y equivocándome. Porque sí. Me equivoco. Soy humano, pero sobre todo soy honesto.