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Zona de confort

Por @juanjo_ramos

Dice Alasdair White que, “en el ámbito de la psicología, la zona de confort es un estado de comportamiento en el cual la persona opera en una condición de ansiedad neutral, utilizando una serie de comportamientos para conseguir un nivel constante de rendimiento sin sentido del riesgo”. Y creo que la teoría es aplicable al CD Tenerife y su entorno, tan sujeto siempre a los intereses particulares, tan poco abierto a sacrificarse por el bien colectivo.

El club interpretó fracasos como el descenso a Segunda B de 2011 o el no retorno al fútbol profesional en 2012 como una invitación a ser humildes, aceptar la reestrenada condición de pobres y vagar sin exigencias por un mundo, este del fútbol, tan proclive a pasar de la euforia a la depresión sin pasos intermedios.

Desde entonces, solo nos ilusionamos en voz baja. Y los actores principales han sido incapaces de aceptar el giro ambicioso que es obligado, por historia, para el club insular. Puede que falte un líder que acepte, con naturalidad, esa elevación del listón de exigencia. Y puede que, casi sin querer, lo hayamos encontrado con Pep Martí. No estoy queriendo transmitir que es seguro de éxito y que con él vamos a disfrutar de un ascenso a Primera. Pero sí que cuenta con rasgos que permiten romper esa barrera, esa zona de confort que nos impide hablar de metas mayores desde hace tres años.

Creo firmemente en el nuevo entrenador blanquiazul. No por sus dos victorias, que ayudan, sino por lo que me transmiten quienes trabajan con él en el día a día. Y por lo que supuso como jugador en sus tres años de estancia entre nosotros. Es un ganador, tiene las ideas claras y representa justo lo contrario del conformismo acentuado de los últimos meses. Tanto en el tipo de fútbol como en el objetivo final.

Que un jugador hable, en privado, de jugar el play off si se dan determinadas circunstancias describe perfectamente el estado de esperanza que se ha instalado en el Tenerife desde hace un par de jornadas. Sin duda, hay plantilla para estar más arriba. Y en una categoría tan igualada como la Segunda, el sueño es posible. Pero queda lejos. Y hay obstáculos que salvar. Pienso, por ejemplo, que al equipo le hace falta creatividad en el medio. Que Tommy Martínez tiene que encajar de alguna forma en el once porque su calidad puede marcar diferencias. Y que la salud de Choco Lozano, delantero diferencial si está al cien por cien, marcará las opciones de alejarse del infierno y mirar hacia el cielo.

Les propongo algo. Alejémonos de los debates inútiles y hablemos de fútbol. Olvidemos a Cervera y Agné, aunque uno les pareciera un buen entrenador y el otro no. Y arriesguémonos a ilusionarnos de nuevo. A pensar que es posible. A ir al Heliodoro con fe. Creyendo que podemos sentirnos orgullosos de este Tenerife.