Por @rondoscutillas
El Tenerife cosechó en Lugo una nueva derrota. Cinco jornadas sin ganar y tres puntos de los quince últimos son el paupérrimo balance de un equipo que perdió el partido en las áreas. En la ajena por su incapacidad para convertir en gol las numerosas ocasiones de las que dispuso en el primer tiempo y en la propia porque sigue empeñado en regalar más que los Reyes Magos.
Germán Sánchez se encargó de demostrar por qué la camiseta blanquiazul le queda tan grande firmando un partido deplorable. Primero por rematar hacia su portería el balón que da origen al primer tanto gallego y, luego, por condenar a los suyos con un penalti al borde del descanso que sepultó con un nuevo tanto en contra los mejores minutos del Tenerife. El central gaditano no da para más y es evidente. El sábado queda retratado con sus múltiples errores o cuando cede el balón a la banda ante la mínima presión de un rival. Para llorar y no de la risa. La culpa, claro está, no es suya. Los responsables son, por este orden, el que lo fichó aún sabiendo que su discutible llegada cortaba la progresión de dos canteranos, Alberto y Jorge Sáenz y, también, del entrenador que le ha regalado ya 541 minutos en el fútbol profesional.
Once jornadas, por cierto, ha tardado Agné en percatarse de que su equipo llega más a puerta con Cristo González y ‘Choco’ Lozano jugando en vanguardia juntos y desde el inicio. La prueba está en el enorme caudal ofensivo que mostró el Tenerife en el primer tiempo del Ángel Carro. Cierto es que no metieron ninguna de las múltiples ocasiones que tuvieron, pero me pregunto si las cosas no irán aún mejor el día que tengan un mediapunta por detrás que sea capaz de surtir de balones con ventaja a ambos. Tengo claro que ese futbolista es Tommy Martínez, pero desde su posición natural y no tan a la izquierda como jugó el otro día en Lugo.
Sea como sea, la situación del Tenerife es muy preocupante. Firmemente instalado en la zona de descenso y con el Alavés, uno de los equipos más aguerridos y ‘repartidores’ de la categoría, como próximo visitante del Heliodoro. Después viaje a Albacete, ya sin el concurso del hondureño Lozano y, luego, el Córdoba de Oltra otra vez en el estadio. Para temblar.
Desde la plantilla se pide tranquilidad para revertir la situación actual. Se habla de un curso difícil porque hay mucha gente joven y sin experiencia en la categoría y de una plantilla excesivamente corta de efectivos. No lo discuto. Pero, personalmente, estoy hastiado de lo que he visto hasta la undécima jornada de esta Liga. No pido un Tenerife para subir. Ni siquiera para estar peleando por jugar la liguilla de ascenso. Hablo de ver, por fin, un equipo que compite siempre y no a ratos, que no regale algo o bastante en cada encuentro y que sea capaz de ganar un partido de cada tres y no dos de cada once como ahora. Por todo eso, el conformismo actual que se respira en el interior del vestuario me parece inaceptable.
El Tenerife no ha pasado del decimoquinto puesto hacia arriba en la clasificación ni en toda la temporada pasada, ni en ésta. Y ante eso me rebelo. Me niego a pensar que no hay para más de lo que nos están ofreciendo. Sobre todo porque este entrenador vendió buen trato al balón a su llegada y ahora le vale con que su equipo sea intenso. Pues con ese argumento solo, esta visto que no da. Si todos los días tienes que comer lo mismo acabas cansándote. Pero si, encima de eso, la sopa está salada y la carne dura un día sí y otro también pues acaba siendo como lo que este Tenerife le ofrece a sus seguidores, una rutina sencillamente insufrible.