Skip to main content Scroll Top

Desarraigo

Por @Juanjo_Ramos

Suele suceder en la vida. Resulta que se dan una serie de sucesos durante algún tiempo que acaban por hacerte sentir incómodo donde antes eras feliz. El ambiente se enturbia y tú buscas la puerta de salida o, simplemente, pierdes interés por estar en ese entorno que antes resultaba tan agradable.

Viene ganando terreno esa sensación en el Heliodoro Rodríguez López. Ir a ver al Tenerife ha dejado de estar de moda. Al fin y al cabo se trata de un equipo más de Segunda, que no ofrece grandes objetivos deportivos, un juego que atraiga al espectador o algún futbolista de esos que deja boquiabiertos a los presentes con una genialidad.

Es entonces cuando entiendes el lema de la campaña de abonos del club insular para esta temporada: orgullo de pertenencia.  Porque es eso lo único que te ponen en el plato para degustar este menú simplón que es la categoría de plata del fútbol español. O te sientes orgulloso de ser hincha blanquiazul, gane o pierda, juegue bien o mal, esté en el cargo que corresponda un señor que cae bien o no, o te cuesta despegar las posaderas del sillón para ir al Estadio.

Si cuando llegas allí te ofrecen un espectáculo tan justito de calidad como el reciente Tenerife-Leganés, pues te prometes a ti mismo no venir al siguiente. Aunque luego, pasadas las dos semanas de rigor, incumplas y vuelvas a caer. No se trata de criticar a Raúl Agné ni a sus jugadores porque nos hayamos encaprichado de repente en ver un fútbol de dream team.

Se trata de que todo el club, desde el presidente hasta el último que se pone las botas y salte al césped, entienda que esto es un espectáculo que se vende día a día, partido a partido. Que hay que ofrecer algo que guste y que no puede ser permanentemente sacrificio y entrega. Escrito está que los clientes van y vienen. Que a ellos solo se les puede brindar un proyecto ambicioso y resultados. Los llenos quedan para los días de finales y derbis.

Pero los aficionados más leales, los 8.000 de casi siempre, también tienen derecho a no sentirse aburridos, desmotivados y, en definitiva, desarraigados. El Tenerife tiene que ser más de lo que es. Y el camino empieza por un cambio de mentalidad. El gran problema es saber quién coge esa bandera, quién lidera el inconformismo  cuando nos parece bueno un 0-0 con el Leganés.

Me niego a pensar que mi equipo tiene que ser más pequeño que los pequeños. Que tiene que agachar la cabeza delante de un club con menos historia y masa social. Que no puede mirar de igual a igual a los grandes de Segunda.