Por @rondoscutillas
El Tenerife volvió a sumar el pasado fin de semana en el Heliodoro frente al Leganés. Un empate que supo a poco pero que, para los que gusten de ver el vaso medio lleno, supuso la cuarta jornada consecutiva sin perder del grupo que dirige Raúl Agné. Con 8 puntos conquistados de los últimos 12 en disputa, los blanquiazules están un punto por encima de la zona de descenso y con la perspectiva de un calendario que, poco a poco, se pone cuesta arriba empezando por la cita más inmediata en La Romareda.
Los isleños no fueron mejores que el Leganés en el último partido. De hecho, estuvieron un buen trecho a merced del equipo madrileño cuando este los despojó del balón, pero también es cierto que pudieron llevarse los tres puntos si Pedro Martín atina a rematar mejor el regalo que Suso le había preparado desde la derecha, para que anotase a puerta vacía, cuando el partido encaraba ya su recta final.
El choque quedó condicionado por la lesión de rodilla de Cristian, el mediocentro inventado por Agné para que el Tenerife no sea un equipo previsible para el adversario cuando usa al dúo Vitolo-Aitor Sanz en la zona de creación. No es que el ex del Sabadell sea un prodigio futbolístico ni mucho menos, pero su dinamismo en la medular suele agitar una parcela del terreno de juego en la que los isleños se habían vuelto demasiado monótonos hasta su aparición. Carentes de un faro que ilumine jugadas hacia adelante y con Ricardo León a años luz del futbolista que fue, especialmente en la parcela física, pinta mal la cosa si el técnico quiere repetir frente al Zaragoza el 4-3-3 que tan buen resultado le está dando últimamente.
Ahora mismo la falta de fútbol es la principal carencia del Tenerife y Cristian, con sus movimientos alejados de cualquier jugador especialista en la parcela ancha, era el encargado de desdibujar al contrario y distraer la atención sobre los compañeros que están más en vanguardia. Por tanto, él era el responsable, muchas veces indirecto, de que ocurriese algún imprevisto con el que salirse del guión con el que los técnicos adversarios tratan de encorsetar a los blanquiazules.
Me preocupa que los próximos rivales que se midan al Tenerife mientras Cristian esté lesionado sean capaces de neutralizar ahora las virtudes del grupo de Agné que, por desgracia, tampoco es que sean excesivas. Especialmente si Suso, como ocurrió el sábado pasado ante el Leganés, comete la tentación de venirse al centro en su afán por ayudar y mezclarse más con el balón. Cuando eso ocurrió, se perdió totalmente la capacidad de desborde por la derecha que, visto lo visto en los últimos cursos, es una de las pocas cosas rescatables y efectivas en los blanquiazules.
El problema de la ausencia de Cristian puede multiplicarse aún más con la amenaza de sanción que pesa ya sobre Raúl Cámara que, con cuatro amarillas, puede dejar al equipo sin ningún lateral diestro específico más pronto que tarde. Confieso que tengo especial curiosidad por saber cómo encajará Agné en los próximos días las piezas del rompecabezas en la medular para hacer que el Tenerife siga siendo competitivo ante rivales tan exigentes como el Zaragoza. Sobre todo porque las primeras jornadas de este curso ya demostraron que el dúo Vitolo-Aitor Sanz, cuando actúa en solitario, es perfectamente superable y previsible.