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Las vacas de Lezama

Raúl Agné se está equivocando. Justo ahora que ha encontrado una fórmula ganadora, que ha conseguido siete de los últimos nueve puntos, que tiene garantizada su continuidad en el puesto por un tiempo. Ahora que debería estar tranquilo va y desenfoca la realidad.

Suyo es el mérito de conseguir que el Tenerife vuelva a ser un equipo competitivo. Incluso hay que reconocerle su ascendencia sobre un grupo que no le dejó caer en Palamós, con la destitución preparada en caso de resultado negativo. Es un momento dulce. Ideal para coger aire y encajar los comentarios críticos que lleguen con la sonrisa que provocan las victorias.

Porque tan indudable es la mejoría del equipo como la fragilidad del plan que ahora funciona. Con Cristian, lateral derecho y solución de emergencia ante la fuga de Javi Moyano, como eslabón perdido del centro del campo. Con los jugadores de calidad (Ricardo, Tomás Martínez o Cristo González) fuera de sus planes. Con una lectura de los partidos tendente a lo deficitaria y plasmada en cambios que no cambian nada.

Esas críticas reflejan dudas. Algunas sobre la actuación directa del propio entrenador. Pero corresponden estrictamente al debate futbolístico. No esconden una segunda intención. Que nadie se olvide de lo que pensaba del equipo antes del casual 2-2 de Almería.

Conviene reconocer la justicia del resultado y la indudable calidad del rival que, aunque en horas bajas, es capaz de hacerle un traje a cualquiera. Pero de la misma forma hay que poner sobre la mesa las deficiencias tinerfeñas. No puede ser que el control de la primera parte fuera mérito exclusivo de los de Agné y la segunda parte, culpa del Almería. Esa sí es una lectura sesgada de lo acontecido.

Ante las críticas recibidas durante las cuatro primeras jornadas y las voces que se levantaron pidiendo su destitución después del caótico encuentro ante el Oviedo, el técnico ha reaccionado con soberbia. Ahora que suma puntos, se atreve a hablar de la intencionalidad a la hora de preguntar de los periodistas. Ya hay buenos y malos. O diferencia entre los profesionales del fútbol y los aficionados. Hasta las vacas de Lezama hubieran reaccionado con mayor humildad.

Considero que Agné puede mantener esta línea triunfal de las tres últimas jornadas y hasta mejorar el rendimiento del Tenerife. Pero desde luego no creo que lo consiga cerrándose en sí mismo. Y eso es justamente lo que ha hecho en lo futbolístico y en el manejo mediático.

Equivoca pues el camino y las compañías. Porque no se puede presumir de independencia y caer en las redes del que siembra, ahora defendiendo lo contrario que hace un año, vientos. La situación no se parece. Porque ni le persigue gente con inquina personal e intereses particulares empeñada en su caída ni el ambiente es infernal, gane o pierda.

Espero que corrija el rumbo. Porque en el campo igual hasta le sigue funcionando el plan. Pero el de las salas de prensa y entrevistas está condenado al fracaso. Y eso que el que escribe no tiene la intención de embarcarse en cruzada alguna para acabar con el entrenador. Ni es mi misión como periodista ni es mi intención como aficionado. Eso queda para el ladrón. Ya saben, el que cree que son todos de su condición.