Por @JoseFelipem | El RCD Español (con ñ) de la temporada 91/92 se marchaba a Segunda División de manera irrevocable. Pocos creían que la situación pudiera cambiar y menos aún cuando cuatro rusos fueron presentados como posibles obradores de un milagro futbolístico solo al alcance del Cádiz CF, especialista en estas lides. Javier Clemente se fijó en Andrei Moj, Dmitri Kuznetsov Igor Korneiev y Dmitri Galiamin (con su caracterísitico bigote) para reconducir la nave blanquiazul. nadie creyó en él, pero lo logró. Julio Pardo, presidente del club, encargó a Iñaki Urkijo, de la empresa de representación Gestisport, que firmara a los cuatro jugadores en un movimiento sorprendente que se dio en las Navidades de 1991.
Con la caída de los gobiernos socialistas del Este europeo muchos jugadores buscaron acomodo en clubes occidentales. Ese año al banquillo españolista había llegado nada más y nada menos que Ljubo Petrovic, entrenador que había logrado hacer campeón de Europa al Estrella Roja, todo un hito por aquel entonces porque, por primera vez, un equipo del Este, en teoría no profesional, conseguía el máximo título europeo. Petrovic duró solo ocho encuentros en la carretera de Sarriá. El temperamental Clemente asumió el reto y para ello se rodeó de estos cuatro jugadores que habían pasado todos por el CSKA de Moscú, el club del Ejército Rojo.
Galiamin, central y lateral derecho; Moj, central y lateral zurdo; Kuznetsov, centrocampista con llegada y Korneiev, mediapunta de clase, fueron vitales de cara a seguir un año más en Primera con, precisamente, un tanto de Moj en el viejo Atocha ante la Real Sociedad. La alegría duraría poco porque solo un año después el equipo daría con sus huesos en Segunda y comenzaría la marcha de los cuatro rusos que marcaron una época en el equipo perico.
Moj se fue al Toledo, por entonces uno de los gallitos de Segunda. Kuznetsov y Galiamín continuaron en Segunda para, solo un año más tarde, lograr el ascenso, pero José Antonio Camacho, otra vez con el equipo en Primera, les explicó que no contaba con ellos, aunque continuaron jugando en España. Korneiev protagonizó la anécdota más sonada cuando fue fichado por el Barcelona B. En una decisión sorprendente, Johan Cruyff lo elegió para que jugara en el primer equipo en sustitución nada más y nada menos que de Romario, pasando con más pena que gloria por la entidad culé en lo que fue, en toda regla, un castigo del entrenador holandés a la díscola estrella brasileña.
Fue uno de los clanes más importantes que se recuerdan, como los colombianos del Valladolid, los polacos del Osasuna, los argentinos del Tenerife u otros rusos, como los del Racing. Lo cierto es que aún se recuerdan a aquellos cuatro rusos que, aunque nadie lo creyera, lograron salvar a los periquitos in extremis.