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Los dividendos de la formación: el caso de Pedro, por @Fran_Concepcion

En pocas ocasiones la fortuna te brinda la oportunidad de cumplir el sueño que siempre has querido hacer realidad y que hasta ese momento ha resultado imposible por motivos estrictamente presupuestarios. Esa cochazo, ese viaje alrededor del mundo, que, simplemente, no nos podemos permitir.

Pero a veces la fortuna sí te permite llevarlos a cabo. Cuando te toca una buena lotería, todo lo que pensabas que era inaccesible, de repente lo tienes al alcance de tu mano. Pero cuidado –y esto está estadísticamente demostrado- muy pocos tienen el buen juicio de hacer una correcta administración del premio.

En este caso, el premiado ha sido un club de fútbol modesto a quien la Diosa Fortuna le ha regado con un importe que multiplica por cuatro su presupuesto anual. La pregunta ahora es: ¿qué hacer con tanto dinero cobrado de una sola vez? Porque seguro que en alguna ocasión se pararon a pensar en qué hacer si la estrechez presupuestaria no fuera un problema. Ahora tienen la oportunidad de llevarlo a cabo.

Lo más sugerente de este caso es el concepto por el que se abona esa cantidad de dinero al club tinerfeño: derechos de formación. Parece por tanto que la formación, lejos de ser un gasto, puede ser una buena inversión. La formación capacita y capitaliza las habilidades y destrezas de los individuos, y éstas pueden ser el activo más valioso.

Supongo que el club se financia a base de patrocinios, cuotas de sus socios, taquilla, alguna subvención tal vez, y por algún que otro concepto de menor entidad. Y que lograr el presupuesto para cada ejercicio no está exento de dificultad. Sin embargo, en mi opinión, el club debería seguir recorriendo este camino como lo ha venido haciendo hasta ahora.

Tal vez aprovechar este ingreso súbito para sanear alguna deuda que por mucho que estiráramos el presupuesto, resultaba imposible devolver. Pero nada más. Nada de caer en la habitual dinámica de pensar que el dinero no se acaba. Porque lo hace, y más rápido de lo que se pudieran imaginar. Hay que seguir trabajando.

Una vez saneado el balance, tendremos que invertir el resto del dinero. De nuevo, creo que la mejor estrategia es ser consistente con la idea de qué es el club, quién es, qué hace. Un enriquecimiento súbito no cambia ni tu naturaleza ni tus capacidades. Parece que el club ya tiene lo más difícil: generar activos que una vez puestos en el mercado son una inversión de elevadísimo retorno. Tal vez merezca la pena explorar y explotar esta capacidad.

¿Por qué no tratar de crear más ‘Pedros’? No digo que el club renuncie a sus legítimos anhelos de subir de categoría hasta donde su presupuesto le permita y aproveche parte de este ingreso puntual a fichar a algún jugador que su limitado presupuesto no se lo permitía. Pero sin perder de vista su presupuesto real, corriente, habitual. El importe cobrado es un extra, y no debe dictar la gestión financiera del club. Porque este dinero, una vez se agote, no volverá –a no ser que tengamos más Pedros en cartera…- Y en ese momento volveremos a la realidad de nuestro presupuesto…

Tal vez la mejor inversión sea dedicar ese dinero a la preparación, a la formación, a convertirse en una ‘fábrica de talentos’. Salvando las distancias, a modo de escuela de negocios famosa que se jacta de colocar a sus estudiantes en los puestos directivos de las principales empresas del país.

Cierto que la probabilidad de que aparezcan más jugadores de la categoría de Pedro es escasa, pero ¿cuál es la probabilidad de que te toque la lotería?

Respetando la idiosincrasia del club, su trayectoria deportiva, su arraigo, tal vez no generemos un retorno económico por no poder colocar en el mercado otro extraordinario jugador como Pedro, pero estoy convencido que el retorno social, si me permiten hasta emocional, sería considerable. Y el movimiento de personas, familias, también genera economía.

Tal vez hasta pudiera convertirse en el vivero del fútbol canario. Llegar a ser una Fábrica, Mareo o La Masía, escuelas internacionalmente reconocidas, y que han hecho de la generación de estrellas futbolísticas y de la capitalización de los derechos de formación, su modelo económico.

Si sale bien, este vivero pudiera hasta financiar al club y a sus filiales en el futuro sin necesidad de recurrir a otras fuentes de ingresos. Entonces, el retorno de la inversión sería infinito.

Francisco J. Concepción

EAFI, nº 65 registro CNMV

Socio As. Financiero PARANGON Family Office

Twitter: @fran_concepcion