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La rutina

Por @beatrizpalmero

Después de un mes de vacaciones en el que has disfrutado de tu pareja, de tu familia, de tus amigos, del verano, sin límite de horarios y sin sentirte mal por leer el diario después de comer en lugar de por la mañana, cuesta un poco hacerte a la rutina. Y digo rutina por ponerle un nombre, porque en este trabajo cuesta un poco tener  horarios o días libres fijos, pero, bueno, sí que entras en una dinámica muy diferente a la que tienes cuando estás de vacaciones. Pero a lo que iba, que cuesta empezar a hilar fino otra vez y sin competición por medio se siente una como rara. Así llega la Supercopa de Europa como caída del cielo, porque parece que da el pistoletazo de salida de un año largo hasta las próximas vacaciones.

Lo cierto es que no haber entrado todavía en la dinámica de la temporada da una perspectiva diferente de las que marcan los resultados puros y duros y que parecen cegar todo lo demás. Es cierto que las expectativas este año son pocas ya que el año pasado fue para olvidar y no ha habido fichajes de renombre. Pero en lo poco que se puede ver en las pretemporadas veo un equipo competitivo y, sobre todo, mucha ilusión alimentada, además, por  la llegada de savia joven al equipo. Esas ganas que muestran los canteranos parecen haber dado vida al equipo y, al margen de que luego Agné les de mayor o menor participación, veo a un Tenerife que puede contagiarnos esa misma alegría.

Y ahora me dirán que en el entorno se respira otro ambiente. Pocos abonados, poco interés y hasta cierto hastío del aficionado. Puede ser. Pero todo eso no es más que incertidumbre y hasta septiembre será difícil concretar un poco más el entorno. Está claro que el equipo este año sólo nos puede sorprender para bien, porque en la línea de salida todos tenemos pensado mirar hacia abajo para dejar cuatro equipos por detrás cuanto antes. Al final, eso es lo que nos marca la rutina del Tenerife en los últimos años: luchar para sobrevivir. Y en cierta forma nos cuesta pensar en algo que cambie esa dinámica. Como dice el periodista y escritor estadounidense John Katzenbach: “Nos asustan los cambios y nos asusta quedarnos igual. Nos aterroriza cualquier cosa fuera de lo corriente, o un cambio en la rutina”. Y así estamos en ese momento es que nos da tanto miedo que todo cambie, no vaya a ser para mal, que el miedo que nos da que se quede todo igual.

Pero para mí, el miedo que supera a todos los demás, es volver a tener una temporada de fuego cruzado, en la que importe más el ruido que se haga desde una de las orillas que la verdad. Como escribe Rosa Montero, “tal vez la rutina nos ciegue y solo veamos lo que creemos ver”.  Y llegará el día en que los resultados ahogarán todo lo demás y echaremos en falta estos miedos, esta incertidumbre, este cosquilleo de no saber qué va a pasar. Porque siempre echaremos en falta ese lienzo en blanco que son las vacaciones de verano. Y quién no.