Escucho que el Tenerife ha puesto en la lanzadera de salida a Cristo González, uno de los jóvenes con más proyección de la cantera. Se habla de una cesión con opción de compra al Real Madrid, una fórmula por la que el futbolista con toda probabilidad se estaría despidiendo de la Isla a poco que demostrara lo que se le supone. Casi lo último que vimos del delantero fue un gol estratosférico contra el Albacete y una muy buena segunda parte en el intrascendente último partido de Liga en Soria. Y aunque no es seguro que triunfe ni que cuente con muchos minutos en el Tenerife dada la enigmática actitud de Agné respecto al jugador, lo que sí se sabe es que el chico tiene talento y que bien conducido podría llegar a ser una referencia en una entidad que no va sobrada ni de delanteros ni de calidad.
Leo con interés la columna de mi amigo y compañero Sebas Cutillas y no puedo estar más de acuerdo con la descripción que hace del ambiente que rodea a los canteranos en la Isla. Coincido en que muchas de las expectativas creadas sobre los futbolistas del filial se inflan artificialmente para alimentar las ambiciones económicas de sus agentes y para ganar favores y preferencias periodísticas. Y comparto también que llegar cuesta y que el porcentaje de futbolistas que lo terminan haciendo es mínimo si lo comparamos con la especulación y el ruido que se levanta cada vez que se saca el asunto. No obstante, no creo que dar todo eso por sentado impida subrayar la lamentable política del Tenerife cuando alguien o algo pone a prueba la solidez de sus convicciones respecto a la cantera.
Sólo un club pequeño, sin ninguna autoestima ni ambición acepta con naturalidad y buen grado la salida de sus canteranos más brillantes. Esa política de mejor pájaro en mano que inspira esta clase de iniciativas da la espalda a la esencia de un verdadero modelo de cantera y transmite un mensaje tan deprimente que sólo nos anima a desear que esta etapa termine cuanto antes. Pensaba ingenuamente que la lección de lo ocurrido con Ayoze Pérez habría hecho reflexionar a los que toman las decisiones en el club pero la sola sugerencia de esta posibilidad transmite que en el Tenerife no aprenden. Seguimos jugando a ser los más austeros, realistas y humildes de la Liga. Y todo en el contexto de una de las pretemporadas más planas y carentes de atractivos e ilusiones que uno recuerda. Agradezcamos que al menos esta vez no hayan intentado vendernos la moto de que lo mejor está por llegar.