Por @rondoscutillas
El Tenerife 2015-16 inició ayer su concentración de pretemporada en Barlovento. Me llama la atención, por un lado, que 17 de los 24 expedicionarios sean canteranos. Esto podrá significar muchas cosas, menos que el club no apuesta por el producto local, tal y como se censura con asiduidad desde un sector del entorno. Por otro, también choca que entre la lista de jugadores con la Agné irá dándole forma al proyecto solo haya dos novedades en forma de fichaje.
Sé que estamos en una isla en la que resulta casi imposible poner a todo el mundo de acuerdo, pero jamás oí decir a nadie que no es partidario de la política, incumplida más ocasiones de lo deseable por desgracia, de que los fichajes deben ser mejores de lo que ya hay en la plantilla. Y esa jerarquía debe ser tan clara que nadie cuestione siquiera que, el que ha venido de fuera, tapone la progresión de un canterano que juegue en esa misma demarcación.
Ese mandamiento no escrito, bendecido por todos y reitero que difícil de transformar en realidad, ha vuelto a ponerse de actualidad con la llegada del central gaditano Germán Sánchez. Admito que jamás había oído hablar de él, así que, sin argumentos de juicio, solo espero que venga a sumar y confirme sobre el césped lo manifestado por Alfonso Serrano en la sala de Prensa, que sus condiciones son distintas a las de cualquiera de sus compañeros del eje de la zaga y que se ajusta al perfil de lo que el entrenador buscaba para esa parcela.
No sé si Germán Sánchez será mejor o peor que los canteranos Alberto y Jorge Sáenz. Desconozco incluso lo que su llegada va a representar para el Tenerife en forma de desembolso económico pero deduzco, por la categoría en la que ha jugado y su equipo de procedencia, que no será demasiado costoso. Sea cual sea su ficha como blanquiazul, habrá que sumar a la misma el pago de su licencia para ser inscrito en el fútbol profesional por parte del representativo, ya que nunca antes había jugado en Segunda.
Escrito todo esto, lo único que no me cuadra es que el Tenerife haya priorizado, a estas alturas del verano, lo que cuesta traer a Germán Sánchez de los contados recursos que dispone para amueblar el vestuario. Todos sabemos la importancia que supone tener un buen delantero en Segunda y el plus que supuso, en otras campañas, contar con el caudal anotador que proporcionan jugadores como Ayoze Pérez, Nino, Paunovic o Barata, a los que tanto se echa de menos cuando te toca padecer un curso sin puntería como el pasado.
Parte del presupuesto deportivo de la 2014-15 se malgastó en jugadores como Igor Arnáez, cuyo rol de actor de reparto podía haber recaído en un canterano de manera puntual. Y, al final, nóminas como la de Arnáez son las que, cuando llega el mercado de invierno, te impiden aspirar a reforzar la delantera, que es la que va a darte victorias y puntos, con algo más que el Abdón Prats de turno. Así que espero que Germán Sánchez no sea otro adorno, sino una pieza tan útil que haya merecido la pena hasta el último euro que ha costado traerla.
Si yo fuese Alfonso Serrano, no ficharía a nadie más hasta saber, definitivamente, lo que va a costarme el delantero que acepte venir. Por eso, me chirría que el Tenerife traiga ahora otra silla antes de haber adquirido la mesa. Cuando el balón eche a rodar, quizá nos falten algunos euros para comprar el cubierto con el que poder trinchar la temporada y habrá que resignarse a comer otra vez con las manos. Pero eso ya es una cuestión de gusto, educación y prioridades.