Hacía tiempo que una fuerza tan grande no empujaba con tal potencia hacia un único objetivo. Un huracán repleto de energía que tiene prevista su llegada este domingo a las 17.00h a Santa Cruz. 22.800 motores repletos de gasolina blanquiazul que van mentalizados para un único reto: empujar a once guerreros que se jugarán la vida en 90 minutos.
Vuelve la Tenerifemanía. Ciertamente nunca se marchó aunque, ahora mismo, bien es cierto que lo hace dando un paso de gigante. Si mañana se gana, buena parte de la culpa será de toda esa afición que ha hecho cola esta semana en el estadio para comprar una entrada conocedores de que seguir en Segunda es media salvación económica. Sí, este año ha sido un desastre. Como otros muchos. Pero con estas heridas de guerra hace años que conviven hinchas y profesionales. Con la ilusión de hacer historia a comienzos de cada año y la frustración de implorar al cielo que la temporada termine cuanto antes y de la mejor manera posible.
Nadie se rendirá mañana. Nadie dormirá en las próximas horas con tranquilidad. Nadie que ame a estos colores como lo hace toda una isla entera. Casi 23.000 personas van a darlo todo para conseguir tres puntos ante un Betis que, aunque venga ascendido, lo hace con un delantero al que jugar aquí le excita. Bien es cierto que las veces que habló, metió la pata. En esta ocasión ha cerrado el pico durante la últimos días. Rubén Castro.
Será la Tenerifemanía la que logre golpear la pelota desde el cuerpo de Ifrán. Quien despeje el balón cuando llegue a la cabeza de Ruiz Quien haga el centro perfecto de Juan Carlos para marcar. Será la Tenerifemanía la que nos haga creer a todos que, aunque se sufrió, siempre estaremos con estos colores pase lo que pase. La que nos recuerde que, por encima de todo, está un escudo. Que llegue la hora del partido cuanto antes que todos, absolutamente todos, ya estamos preparados para unirnos a esa fiebre llamada así: Tenerifemanía