Por @juanjo_ramos
Sigo asustado. Lo reconozco. Quizás es porque todavía andan recientes los años de Segunda B. Sé que la permanencia está en las manos del Tenerife, que depende de sí mismo y que los rivales (Osasuna, Recreativo y Racing) se cambiarían por nosotros. Sé que hace una semana nos veíamos salvados. En primera personal del plural, sí. Porque, como bien ha recalcado Suso Santana esta semana, la permanencia beneficia a todos: club, aficionados… y medios de comunicación. Pero el argumento que no me termina de convencer es el del Betis que viene a pasearse. Porque es verdad que la intensidad no puede ser la misma una vez ha conseguido el ascenso de forma matemática.
Incluso, con la semanita de fiesta y recepciones que lleva. Pero no veo a Pepe Mel tirando el partido del Heliodoro ni a Rubén Castro, canarión atravesado como demostró en 2004, perdiendo la oportunidad de hacer daño al eterno rival. Ni siquiera veo a Bruno, profesional exquisito, echándonos una mano.
Incluso aceptando la relajación bética como factor principal para el éxito, es evidente que me da yuyu que todo se haya puesto tan de cara durante esta segunda vuelta y no haya sido capaz el Tenerife de Agné de aprovecharlo. Repasando rápidamente se darán cuenta de las ocasiones en las que jugó en superioridad numérica y no ganó (Barcelona B y Alcorcón), otros rivales poco intensos que se encontró (Lugo), la visita a un Recreativo con bajas, sin cobrar y que perdía 0-1 en el minuto 3… Demasiadas oportunidades desaprovechadas. Demasiadas como para no pensar, al menos por un momento, que puede haber una más.
Iré al Heliodoro por tanto este domingo nada confiado en el resultado, pero con la fe que mantengo en un grupo de jugadores tan limitado en lo futbolístico como destacado en honradez y entrega. Eso debería ser suficiente para evitarnos el disgusto de tener que jugarnos la vida en Soria…
P.D. Algunos que torpedearon el proyecto desde agosto están ahora atemorizados. Saben que el riesgo es, en parte, responsabilidad suya. No hay que negar que la confección de la plantilla es el origen del mal. Pero tampoco que el ambiente de crispación de los primeros siete meses ayudó a reventar los cimientos. Esos que torpedearon el asunto se dan cuenta ahora de que se les fue la mano. Y que igual hasta su propio chiringuito puede irse al traste. Por nosotros y hasta por ellos, pobres inconscientes, lo sacaremos adelante. El Tenerife NO PUEDE descender.