Por @juanjo_ramos
Celebro que la cercanía del final del Campeonato nos haya abierto los ojos a todos. El miedo al descenso ha permitido que dejemos de jugar con fuego. Nadie quiere ver al Tenerife en Segunda B, jugando a mediodía de los domingos ante equipos que visitan el Heliodoro Rodríguez López como si de un gran acontecimiento se tratara. Por eso, después del batacazo de Santander, ha imperado lo que algunos llevamos pidiendo desde agosto: unidad y responsabilidad.
No se trata de silenciar las críticas. Dicho y escrito está que el equipo no tuvo la actitud debida en El Sardinero. Fuera por falta de mentalización o porque se vio superado por la agresividad rival, no pareció estarse jugando lo mismo que el Racing. No compitió como suele. El desdibujado conjunto blanquiazul dio “vergüenza” (Suso Santana dixit). Tampoco estuvo especialmente atinado Raúl Agné. Ni en la elección de los actores para el planteamiento escogido ni en la gestión de los cambios después. El tercero ni lo explicó. Seguramente porque ni él se entendió a sí mismo.
Hecho el mal, toca centrarse en lo que queda. Cinco jornadas, pero dos claves. Las dos próximas. Porque, no nos engañemos, si el Tenerife no sale de los choques contra Alcorcón y Sabadell con cuatro puntos como mínimo puede empezar a temblar. Me gusta que las peñas preparen un recibimiento al equipo, que el club ponga las entradas a mitad de precio y que nosotros, los medios de comunicación, hayamos aparcado los egos e intereses personales.
Ahora que ha quedado comprobado que teníamos razón los que defendíamos que el problema del proyecto 14-15 no residía en el banquillo toca empujar y callar. Nada de revanchismo. Hay quien esperaba otra cosa. Igual por aquello de que “cree el ladrón que todos son de su condición”. Pero no. Cero reproches. Nada de sacar pecho.
Mantengo la confianza en Agné y sus jugadores. Estoy convencido de que mantendrán al Tenerife fuera de los puestos de descenso. Otro debate es si se trata del entrenador adecuado para la próxima temporada, si el director deportivo debe ser Alfonso Serrano o si resulta necesario realizar una remodelación profunda en la plantilla. Cuando llegue el momento lo discutiremos.
Pero ahora hay que poner todo el empeño en que el Heliodoro sea el domingo el de las mejores tardes. Esas en las que el rival traga nudos nada más saltar al césped y se da cuenta de que lo va a tener complicado para arrancar algún punto. Esas en las que después de un error propio suena el aplauso y, ante un mal momento, llega el aliento. Nada de murmullos, silencios incómodos, quejas, cánticos o pancartas en contra de los nuestros. El domingo no.
Está siendo una temporada muy dura. Solo quiero que se acabe ya y de la manera menos dañina posible, es decir, con la permanencia. Al fin y al cabo, en el fútbol todo es perspectiva. Hace un año lamentábamos los tropiezos ante Jaén y Girona. El play off se encarecía. También quedaban cinco jornadas. Pero el Tenerife estaba salvado. Pagaríamos por perder este año las últimas siete consecutivas sin que tuviera consecuencias. Justo esas siete jornadas en las que empezó a fraguarse la mentalidad exigente y negativa, aprovechada por los de la campañita, que nos ha condenado a sufrir este año.