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Ambientes (13-5-15), por @JF_Rojas

No recuerdo otra temporada en la que se hablara tanto del ambiente del Estadio como ésta que casi termina. Durante meses la actitud del público se convirtió en asunto central en los debates sobre el equipo, ya fuera como munición argumental contra el entrenador, ya fuera para dar coartada a los malos resultados. El hartazgo de la gente, traducido en pobres aforos y protestas de los presentes, terminó capitalizando los análisis y siendo objeto de interpretaciones diversas más o menos interesadas que sólo coincidían en situar al técnico del Tenerife en el centro de todo. Supuestamente, el auténtico y único agente intoxicador era Cervera, de manera que su salida purificaría el ambiente e incluso, según sus adversarios, devolvería a la gente al Heliodoro.

No suelo discutir la legitimidad del público para expresar libremente su opinión en un campo. De hecho, la grada es probablemente el último espacio que le queda al aficionado para intervenir en los acontecimientos de su equipo. Poco a poco, el fútbol ha ido restando áreas de influencia a los seguidores de toda la vida, empezando por sus órganos de gobierno y terminando por unos calendarios que privilegian al cliente televisivo respecto al hincha de siempre. Discutirle también al aficionado la posibilidad de manifestar su opinión en el estadio es alejarle definitivamente de un espectáculo que un día fue suyo. Hay quien espera que el espectador anime siempre a conveniencia de su equipo. Yo opino que eso sería como relegarle a la condición de decorado de cartón en un show prefabricado.

Es cierto que la salida de Cervera pacificó temporalmente el ambiente del Heliodoro. Sin embargo, su ausencia no fue suficiente para que los mediocres aforos registrados mejoraran un ápice. La experiencia ha demostrado que los que, para bien o para mal, ponían en la identidad del técnico toda la responsabilidad del clima de los partidos se equivocaban. La gente desde siempre reacciona ante el mal fútbol y los malos resultados sin importarle quien se sienta en el banquillo. Claro está que una exposición prolongada a la crítica aumenta las posibilidades de consolidar a los enemigos, pero no hay animadversiones que resistan un puñado de buenas victorias. Pretender que tras la salida de Cervera el Estadio sería como los Mundos de Yupi era de una ingenuidad manipuladora. Mantener que con Agné la gente iba a ser más indulgente cuando vinieran mal dadas era ignorar cómo funciona este negocio. Al final el tiempo pone a cada cosa en su sitio.