Por @pabloalbelo
Lo recuerdo como si fuera hoy. 1 de junio de 2014. El 5-1 en el marcador hacía presagiar lo impensable hace algunos años, aunque el marcador acabó apretándose más de lo necesario. El Pabellón de Deportes de Santa Cruz vibraba. Los gritos eran patentes. A primera oe! cantaba un Palacio puesto en pie mientras el cronómetro corría inexorable buscando el cero. Era el fin y el comienzo. El fin del partido y el comienzo de una aventura que pretendía ser ilusionante en la máxima categoría del fútbol sala nacional. Imágenes imborrables. Una afición entregada mientras los celestes lo celebraban sobre el 40 por 20. Iago Barro y Víctor Suazo colgados del larguero de una portería, políticos que se afanaban en buscar una foto y 4.200 personas dejándose el alma para que Tenerife tuviera fútbol sala de élite.
Todo eso terminó. Y terminó de la peor manera. Un señor, presuntamente sin escrúpulos, dinamitó las opciones del Uruguay de mantenerse en la categoría. La avaricia rompió el saco. Reprobable actitud. Pero no me olvido de todos los que vieron como el agujero del saco se hacía cada vez más grande y no hicieron nada. Son culpables por pasiva. Son culpables por mirar hacia otro lado. Son culpables por vincular la acción de una persona a las ilusiones de todo un grupo humano que se ha partido el pecho por defender el escudo de su equipo y que no ha dejado de ganarse el respeto de todo el futsal nacional. Ellos han hecho su parte y muchos han obviado la suya. Pero, de eso nadie se acordará. El Uruguay pasará seguramente sus últimos meses como equipo.
Este viernes les veremos por última vez en el Palacio Municipal de Deportes. El Pabellón Quico Cabrera vivirá, por última vez este año y esperemos que no por mucho tiempo, un partido de fútbol sala en Primera División. Ahora tocará recordar lo bueno que se vivió en ese escenario. Lo bueno que nos dieron los jugadores que ya no están y los que todavía forman parte de esa plantilla. Recordar lo bueno y que no se nos olvide todo lo que se hizo mal en los últimos meses hasta el día de hoy. Esto no puede volver a suceder. Ni por una parte, ni por otra. Ahora, aprender de los errores y que volvamos a disfrutar de un maravilloso deporte.