Por @RondosCutillas
Se acabó la racha. Mendizorroza fue la última estación para una serie que llevaba rodando ocho jornadas y en la que el Tenerife rubricó el mejor tramo del presente curso. Ahora quedan otras nueve por delante y el objetivo no puede ser otro que la salvación matemática. Y hay que lograrlo empezando por el próximo partido. Sin más. Como si no hubiese un mañana.
Es cierto que el hecho de que los blanquiazules fuesen despegándose poco a poco del abismo era una invitación a mirar hacia el futuro. A planificar. A hablar de renovaciones. De salidas. De llegadas. De continuidades. De relevos. Incluso de palabras mayores en cuanto a golpes de timón en los cerebros que deben planificar el proyecto 2015-16, el último en el que el presidente Miguel Concepción ocupará su cargo.
Y no sé si fue por esa ‘semana rara’ en la que se habló de muchas cosas menos de fútbol. O incluso por las notables bajas de Vitolo e Ifrán, que hay que ver cómo se notaron sus ausencias. Sea lo que sea, aprecié un Tenerife sin chispa contra el Alavés. Fue netamente inferior a su adversario en el primer acto e incapaz de hilvanar una sola jugada con cierto criterio. Más bien al contrario. El peligro llegó siempre a la portería de Dani Hernández porque los locales sí parecían dotados del músculo necesario para afrontar el choque o porque, sencillamente, no parecía ser el día para que nada saliese bien. De hecho, el guardameta y Albizua protagonizaron una de esas jugadas estúpidas que, si acaba en gol (y no lo fue por poco), acaba en los resúmenes de los goles absurdos que ponen en Nochevieja.
El partido se decidió por calidad y por otros detalles relacionados con la intensidad fundamentalmente. Al filo del descanso, Lanzarote recibió en el costado derecho. Raúl Cámara, como el resto del equipo, no estuvo fino en la presión. El jugador catalán fintó un par de veces y el lateral blanquiazul le compró los dos amagos a demasiada distancia, así que decidió armar la pierna y su disparo se coló por la escuadra de la portería del Tenerife.
El 1-0 le recordó a Agné que tenía que hacer algo para cambiar el decorado. Y el mejor Tenerife, una semana más, coincidió con la presencia de Juan Carlos Real sobre el terreno de juego. Ahora mismo parece uno de los pocos jugadores capaces de ‘crear’ algo diferente justo donde el resto se queda a oscuras. Sabe ser vertical sin ser ni veloz, ni potente. Es, simplemente, una pieza que funciona y hace funcionar a las que tiene alrededor. Un argumento suficiente para aumentar el caudal ofensivo de uno de los equipos más pobres del campeonato en este apartado.
El Tenerife pudo empatar si Abdón Prats hubiese acertado a empujar un servicio de Maxi al que llegó un poco forzado. Pero el deficiente remate del balear y la velocidad de Laguardia, que salvó el gol en la misma línea, impidieron la igualada y dejaron a los isleños sin la posibilidad de engranar su quinta visita seguida puntuando lejos del Heliodoro.
Se sabía que la racha se acabaría algún día, pero a nadie le gusta que llegue. Como dijo Raúl Cámara hace unos días, “cuando perdamos otra vez, debemos intentar que sea un accidente”. Pues eso, a ponerle remedio para que no vuelva a convertirse en una costumbre. Porque, a estas alturas del campeonato, sería una tendencia peligrosa.
Al Tenerife lo separan ahora 6 puntos del descenso y la calculadora le da un 17% de posibilidades de descender. No son muchas, pero ahí están. Hay margen de error, pero conviene ser prácticos y no complicarse más la vida. Así que, con la semana que comienza, hay que evitar volver a pensar en planificar el futuro. El futuro es hoy. Y se llama Llagostera.