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Harto de Cervera (1-4-15)

Por  @JF_Rojas

Ya he apuntado muchas veces en esta columna que mientras dure la influencia de la etapa anterior, los debates sobre el fútbol del Tenerife seguirán contaminados. La comparación entre el antes y el después en cualquier asunto suele ser casi siempre insana y tramposa. Muy pocas veces esta clase de experimentos sirve para algo porque las circunstancias que rodean las cosas cambian, desencadenando interacciones y factores que desvirtúan la comparación. El funcionamiento del mundo es complejo. Los sucesos no pueden explicarse desde una sola causa y los problemas no pueden solucionarse modificando un determinado aspecto. Todo está conectado y pretender otra cosa es hacer un ejercicio de ingenuidad o de mala intención.

Por supuesto que sustituir a un entrenador trae consecuencias, a veces definitivas, en la trayectoria de un equipo. La cuestión sin embargo es determinar dónde termina la influencia directa del nuevo entrenador y dónde empiezan las consecuencias del resto de factores que interactúan en un mundo tan rico en matices como el fútbol. Esta historia de comparar constantemente lo que antes hacía Cervera con lo que ahora hace Agné ignora la realidad simplificándola hasta un límite que raya en la estupidez. Comprendo la inevitable comparación entre los resultados de uno y otro pero soy incapaz de adivinar el sentido de esta obsesión por recordarnos a cada momento lo que habría hecho  Cervera y lo que en cambio hace Agné.

No es que esté harto de Cervera. A Cervera, que no tiene culpa de esto, le agradezco sus dos buenas temporadas y le deseo que le vaya bien donde esté. De lo que estoy harto es de que a más de dos meses de su destitución uno siga sin poder hacer un comentario que no se interprete como crítica o apoyo implícito a su trabajo en la Isla. Por el bien del Tenerife y por la paz mental de todos los que de alguna manera participamos en el circo, pediría un ejercicio de contención colectiva que nos permitiera a todos opinar en libertad y sin quedar bajo sospecha. Cervera ya no está en la Isla y seguir teniéndole presente, para bien o para mal, revela un grado de obsesión que no le hace bien ni al obsesionado ni al club. Al Tenerife le entrena Raúl Agné y tanto el técnico como el equipo merecen un juicio objetivo al margen de guerras y debates que caducaron ya hace mucho.