Por @juanjo_ramos
Ahora que vivimos semanas de cierta tranquilidad, porque el Tenerife suma y suma alejándose del descenso, es buen momento para mirar hacia el horizonte. El final de la temporada está ahí y, aunque ni siquiera puede asegurar la categoría en la que competirá a partir del mes de agosto, bien haría la entidad blanquiazul en tomar decisiones sobre su futuro.
Vaya por delante que entiendo que Miguel Concepción dude porque está ya en la recta final de su mandato y no quiere hipotecar a su sucesor. Incluso, que le haya influido negativamente el fracaso (decepción si les suena demasiado fuerte) de la actual campaña. Más allá de que las circunstancias le empujaran, no se puede prescindir de la realidad: el plan de cuatro años duró solo siete meses.
Pero precisamente en la génesis de ese fracaso se encuentra una de las razones: la construcción de la plantilla empezó tarde, demasiado tarde. Alfonso Serrano asumió su cargo en la segunda semana de junio y, a esas alturas, las direcciones deportivas tienen fijados sus objetivos y hasta cerradas algunas incorporaciones. El Tenerife se retrasó y lo pagó caro. El resto de la historia es de sobra conocida.
Por eso, ha llegado el momento de las decisiones. Serrano es un profesional perfectamente cualificado para el cargo, conoce perfectamente el mercado y cuenta con la experiencia de este curso, pero necesitaría confianza y libertad para elegir. Si su continuidad queda condicionada a supervisores que fiscalicen su trabajo, es preferible optar por otro camino. Entra en juego entonces la alternativa: Sesé Rivero. El todavía director técnico de filiales se acerca desde hace meses a la dinámica del primer equipo y ya formó parte de la comisión que buscó sustituto a Álvaro Cervera. Sería una solución interna y transitoria a la espera del relevo presidencial. Su aval, el trabajo de cantera y la numerosa presencia de jugadores de la casa en las últimas temporadas. Su lastre, el desconocimiento del mercado.
El caso es que el elegido tiene que estar al frente de la nave lo antes posible. Podrá así elegir entrenador, ya sea Raúl Agné u otro, y orientar la búsqueda de refuerzos: cuántos, en qué puestos, de qué perfiles…
Mientras Concepción deshoja la margarita, solo se puede adelantar el trabajo obvio. Y ahí entran al menos dos renovaciones. Es de suponer que cualquier director deportivo o entrenador en su sano juicio querría en su equipo a Dani Hernández y Carlos Ruiz. Por el primero habrá que hacer un (aconsejable) esfuerzo. Sobre todo después de ver la trascendencia que ha tenido en el presente curso el error cometido con Jacobo Sanz. Por el segundo hay pocas dudas. Debe ser el “padre” en el puesto para Alberto (que volverá) y Jorge.
Retrasar estas renovaciones tiene dos lecturas negativas: poner en riesgo la continuidad de dos pilares básicos y discriminar a estas dos piezas importantes con respecto a otras dos (Raúl Cámara y Aitor Sanz) ya aseguradas.