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#Reportaje Santi, un «enamorado» de las calles y del fútbol

Redacción Deporpress | Son las 14:25 horas de un martes. El oficial Santiago Lemus pasa lista y reparte las zonas de la capital tinerfeña a los agentes que tiene al mando esa tarde en Santa Cruz de Tenerife, antes de que a las 14:30 horas comience el turno de patrulla. Ahí comienza una rutina en una profesión de la que afirma sentirse “enamorado”. Pero, Santiago no es solo un policía de la capital tinerfeña, sino que su vocación le lleva a seguir compartiendo otros momentos fuera de su unidad. Una vez termina su turno, Santiago pasa a ser Santi, el entrenador del cadete preferente del CD Laguna. Una segunda ocupación que comparte con la misma pasión que la primera, porque también es un enamorado del fútbol.

Este oficial de la policía santacrucera, que empezó siendo futbolista en Tercera División y que originalmente quiso ser bombero, tuvo que pasar por una amargo trago para acabar vistiendo el uniforme azul. Confiesa que llegó a presentar la instancia y se personó para hacer las pruebas de acceso al cuerpo de bomberos, pero una lesión de rodilla le impidió completar el proceso. Habiendo terminado las oposiciones, decidió ser policía, algo que ahora acoge con mucho orgullo y dedicación. Su obsesión es continuar con la labor de cercanía que ejerce el cuerpo municipal santacrucero, algo que cree “básico”, porque “el contacto con el ciudadano es bonito y fundamental”, una cuestión que demuestra en los servicios en los que actúa.

Pero, Santiago es casi tan policía como entrenador. Y nunca mejor dicho, porque su compañero de patrulla es también su preparador físico en el cuadro morado. “Al final”, explica, “uno se debe rodear de gente de confianza y que comparta las ideas y la ideología de lo que hace uno”. “Cuando trabajamos como policías, me llevo por sus ojos y sus manos”, continuó, “y en el fútbol él ha sacado su titulación, se ha formado y tengo la misma confianza con él”. “Ojalá podamos seguir para arriba, porque lleva ocho años conmigo y ojalá podamos estar diez más”, expresó. Una vez llega al anexo del Francisco Peraza, su labor se centra no solo preparar a los chicos, sino también en educarles en una edad complicada.

Para ello, su experiencia le ha ayudado. Santiago recuerda que “jugaba desde que tenía ocho años, pero por varios motivos solo pude disfrutar hasta Tercera División, tuve una lesión de ligamento cruzado y en ese proceso aprobé la oposición, por lo que, cuando ya no pude volver a jugar me dediqué a entrenar para no perder mi contacto con el fútbol”. A veces, se crea el debate de si es necesario haber jugado a fútbol para ser entrenador, pero Santiago no cree que sea “algo general, aunque te ayuda mucho a comprender los estados de ánimo de un jugador, porque si has estado dentro sabes cómo puede estar un jugador a la hora de enfrentarse a un rival determinado”. “Esto es echarle horas y entrenamientos”, recalcó.

Un grupo en categoría cadete es algo difícil de gestionar, porque los chicos están en una edad complicada. Así lo ve también nuestro protagonista, relatando que “cuesta un poco porque empiezan a descubrir otras cosas y dejan el fútbol de manera secundaria”. “Para mí es una motivación”, afirmó, “porque les sacas el fútbol cuando ellos no piensan en fútbol”. Sin embargo, Santiago entiende que “para ser futbolista, primero tienes que ser persona y desde entonces entrenar”. Y es que, a su juicio, “al fútbol base le falta inculcarnos que debe haber una etapa de formación y una de competición fácilmente reconocibles”. “No se está dando el caso”, continuó, “porque inconscientemente somos egoístas y queremos trofeos, que para un club está bien, pero en la base creo que debemos ser más formadores”.

Pero, ahondando en este asunto, Santi cree que al fútbol base “le sobran los padres, aunque suene mal”. A su juicio, “el fútbol base debería ganarse el respeto de que los padres dejen al niño en el equipo y tengan la confianza de que lo van a educar y formar, porque los padres dejan a los niños en clase de piano y los padres no están; lo dejan en clase de flauta y los padres no están, porque lo llevan un educador y un formador”. “Ahora el fútbol se toma más como una ludoteca”, lamentó, “y quizás deberíamos ganarnos la confianza para que eso no ocurra”, pero, “para que los padres no estén, primero los clubes deben ganarse ese respeto”.

Por último, quiso valorar el trabajo de formación que está haciendo el Laguna con su cantera, recordando que “el Laguna formó la base cuando Martín Marrero empezó de director deportivo y yo me siento integrado con su filosofía de formación”. “Es un club que le gustan los títulos, pero genera valores que ayuden en la formación”, prosiguió, antes de añadir que “comparto la ideología del club y Martín es una persona que con los que tiene confianza es muy pesado, nos inculca mucho lo del comportamiento en los campos y demás, así que de él no nos podemos quejar para nada”.