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Tendencia (2-3-15)

Por @RondosCutillas

Tengo un amigo grancanario que hace algunos años, cuando el Tenerife navegaba por Europa y Las Palmas penaba en Segunda B o en Segunda, me dijo una frase que se me quedó bien grabada. “Los derbis no duran 90 minutos”. Lo miré con extrañeza y me explicó que esos encuentros no concluyen cuando pita el árbitro, sino cuando empieza el siguiente. Porque ese tipo de partidos, en los que da igual la diferencia de categorías o puntos que existan entre los contendientes, son para jugarlos como si fuese el último. Y, sobre todo, para ganarlos.

Por aquella época recuerdo que Las Palmas nos pintó la cara más de una vez. Y más de dos también para escarnio de los que no entendíamos por qué el Tenerife era incapaz de plasmar su teórica superioridad y mayor calidad sobre el terreno de juego. Y por qué reincidía tropezando una y otra vez en la misma piedra, pese a que el exceso de confianza ya los había condenado otras veces.

Y sí. La humillación era para nosotros. Los aficionados. Los periodistas que teníamos que aguantar las bromitas de los ‘colegas’ canariones durante días, semanas e incluso meses recordándonos lo sucedido la última vez. Y aquello dolía. Bastante. Tanto que, durante los días previos al derbi, se hacía una gran labor pedagógica con los jugadores del Tenerife para que entendiesen que aquello no era un partido convencional y que había en juego mucho más que pasar una simple eliminatoria de Copa del Rey.  A aquellos futbolistas no es que les diese igual…, pero tampoco se hacían sangre por perder con la UD. Ni mucho menos.

Los ciclos futbolísticos se terminan. Aquel Tenerife glorioso, histórico e inolvidable ya caducó. Lo bueno no es eterno y, por eso, hay que aprender a saborear lo que se tiene en cada momento. Las Palmas sale ahora a todos los derbis con el papel de favorito. Tiene más presupuesto, más plantilla, más calidad y hasta más fútbol. Pero, últimamente, por esos factores intangibles que tienen estos partidos, no los gana. Es más, se acabaron ya las coñitas de los 6 puntos asegurados y el resto de bravuconadas de las que solían presumir hasta hace poco los amarillos.

Y los ciclos en los derbis también se extinguen. Ahora, afortunadamente, la tendencia es otra. De los últimos 12 derbis, el Tenerife ha ganado 5 y ha empatado otros 5. Y en Gran Canaria ha puntuado en 11 de los 17 que se han disputado. No está nada mal. Supongo que ahora son ellos los que no quieren ver al equipo blanquiazul ni en pintura. Y, al menos, hace muchos derbis (pero muchos) que no escucho a nadie del Tenerife (jugador, entrenador o directivo) pedir perdón porque no saber estar a la altura de estos partidos y defraudar las expectativas.

El Tenerife compite en estos partidos como lo que son, auténticas finales. En el Heliodoro ha dado varios repasos contundentes al eterno rival desde que regresó de Segunda B y en Gran Canaria sólo le han marcado a balón parado en los dos últimos años, algo impensable para un equipo con el caudal ofensivo que es capaz de generar la UD.

Por eso, estas líneas de hoy quieren ser un homenaje a todos y cada uno de los que han hecho que los tinerfeñistas se sientan orgullosos de su equipo en los derbis. A los que, con aciertos y errores, se lo dejan todo cuando se ponen la blanquiazul. A los que, un año más, han confirmado el cambio de tendencia. Y también a los que, una vez, me enseñaron que los derbis no duran 90 minutos, sino hasta que empiece el próximo. Disfrútenlo.