Estimado General,
Los cerveristas han depuesto las armas. Después de meses y meses defendiendo lo indefendible, se han entregado. Su rendición es incondicional. Les hemos dado hasta en el carnet de identidad. La estrategia ha funcionado a la perfección. Hemos conseguido que la gente les señalara, hiciera burla y les arrebatara el derecho a expresarse. Les hemos desnudado de cualquier posibilidad de defender su honor. El objetivo, como usted ordenó, no era vencer, sino humillar.
El plan comenzó en verano. Después de dos años de aguantar y aguantar los éxitos de este entrenador, nos pusimos de lado de Quique Medina. Obviamos las salidas de Bruno y Ayoze Pérez bajo su mandato porque no interesaban. Expusimos entonces el argumento de la cantera y elegimos un mártir: Ayoze Díaz. Que ficharan mal nos ayudó bastante, claro. Nos aprovechamos de sus errores y de su mala suerte.
Por ejemplo, nos vino muy bien la lesión de Diego Ifrán en la primera jornada. Y que el portero Jacobo, aparte de malo, ejerciera como bocazas en una rueda de prensa. Los resultados hicieron el resto. Menos mal que en Leganés perdió el equipo y dio mala imagen porque, después del derbi, casi se vienen arriba estos condenados. En Butarque solo ha ganado un equipo, pero esa parte la hemos obviado interesadamente hasta hoy.
Siempre hay que buscar un quintacolumnista y lo hallamos en Ruso García. Él nos ayudó y mucho. Incluso, deslizamos por todas las vías propagandísticas de las que dispusimos que la mejor racha del equipo coincidía con el discurso del argentino. ¡Ja ja ja ja!
Pero hacía falta otra derrota fea. Y la encontramos ante el Llagostera. Es verdad que allí tampoco ganaron Valladolid o Las Palmas. Pero por entonces nos dio para vestirlo como una afrenta histórica al tinerfeñismo. Por si era poco, atacamos también la imagen de su líder inventándonos un par de faltas de respeto en sus ruedas de prensa. Nos echaron una mano Diego Ifrán y Uli Dávila con sus expulsiones. Pero todavía no sabemos si fue voluntariamente o no. Lo estamos investigando. Encima al mexicano y otros tres fichajes les dieron la baja. Esos fallos nos dieron la vida, Señor.
Por último, apelamos a la imagen del equipo. Al juego. Eso nunca falla. Siempre cala en el público. Un par de sábados, en los que siempre va menos gente, y días con mal tiempo en el Estadio hicieron el resto: el cerverismo lo estaba vaciando. Una idea genial, ¿No cree?
Durante todo este tiempo, ha sido necesario el descrédito a los que pensaban distinto. Como en todo régimen totalitario que se precie, hemos utilizado frases contundentes para ello: defender lo indefendible, justificar lo injustificable, el sobre por debajo de la mesa, los medios oficiales, intereses ocultos… El objetivo, sembrar la duda.
Envueltos ya en la bandera, pedimos el cambio. Es verdad que, después de todo esto, fue necesario pagar alguna pancarta y, por supuesto, los resultados negativos. ¡Menos mal que los árbitros se portaron! Pero lo hemos conseguido señor.
Ahora, cambiamos de estrategia. Como usted ordenó, pediremos unidad. Así demostraremos que el cambio era necesario. Total, ellos siempre piensan más en el club que en ganar la guerra. ¡Ja ja ja! Seguro que se ponen a remar con nosotros por el bien de su equipo. ¡Si ni siquiera reconocen que estamos en guerra! Igual es que no quieren pelearse con nadie, pero nosotros sí. Esto no acaba aquí.